
Fantasía
y
Aventuras
Epílogo
Habían pasado casi seis años desde la muerte el Emperador. Zenko había tomado el cargo, y dos años atrás, se había casado con Wanda. Según tenía entendido, Xiao se había hecho monje en un templo remoto, pero Ying lo visitaba cada cierto tiempo. Yo me había casado con Hok, pero ambos nos habíamos mantenido en el Daisho Togukawa, a pesar de la muerte del jefe. El Maestro había cogido el cargo por dos años, luego de qué eligió a otro personaje para mantenerse alejado de la política. Mi vida nunca fue tan trepidante como en aquel año, y la cicatriz de la pierna siempre me recordaba el alto costo de la libertad del país de mi esposa.
-Simón, Ying vino a vernos.- dijo mi esposa entrando al estudio. Me levanté de golpe, y corrí a la puerta a encontrarme con mi antigua compañera de colegio.
-¿Cómo estás?- me preguntó sonriendo.
-Bien.- contesté algo compungido, cada vez que la veía se me olvidaba de quién era hija, y por sobretodo que ambos éramos casados desde hacía un par de años.
-¿Qué te trae por aquí?- le pregunté.
-Estoy preocupada.- me dijo -Las relaciones entre Zenko y Xiao están cada vez más tensas.- agregó.
-Y el rol del Daisho Togukawa es mantener la paz en los gobiernos del mundo.- dije recordando las enseñanzas del Maestro.
-Lo sé, he tratado de contactarme con Zenko, pero no quiere hablarme.- suspiró mi amiga.
-Zenko no acepta a nadie del Daisho Togukawa.- dije poniéndole una mano sobre su hombro. Miré hacia todos lados buscando a Hok para que me ayudase con mi amiga, pero Hok tenía otros problemas.
-Además Ardeth dijo que dentro de poco ya no podría participar en las misiones.- agregó. Me extrañé mucho, pero prontamente vi que su vientre estaba más abultado que de costumbre.
-¿Bebé?- pregunté con la voz cortada.
-Mellizos, la verdad.- aclaró mi amiga con un sollozo.
-Entonces viene la nueva generación.- dije pensando en todas las chicas del grupo que ya habían tenido un hijo.
-Claro,- exclamó Ying -una nueva generación que está destinada a morir en una guerra entre hermanos.- agregó molesta.
-Si la guerra estalla, Ardeth sabrá que hacer.- dije sin mucha convicción. Ambos sabíamos que Ardeth no estaría mucho tiempo más con nosotros.