
Fantasía
y
Aventuras
Dos chicos común y corrientes
-Corre, que llegamos tarde.- la joven de rasgos orientales estaba cansada, pero aún así iba más rápido que sus hermanos menores, los cuales tenían que correr para alcanzarla.
-Son ustedes los que deberían apurar más el paso.- respondió la chica, siguió caminando a su ritmo sin esperar a sus hermanos menores. Cuando llegaron finalmente al colegio, la chica de 15 años revisó su reloj mientras esperaba que sus hermanos llegasen.
-¡Vieron!- les dijo cuando llegaron -No llegamos tarde, sino con 10 minutos de adelanto.- fue a dejar a sus hermanos a su sala, tras lo cual se dirigió a la suya.
-Hola, Yuki.- escuchó a sus espaldas. La chica se giró instintivamente de golpe para encontrarse cara a cara con su mejor amigo, Dimitri Castillo.
-Ah, hola Dimitri.- dijo sin fijarse mucho en su amigo, ya que el chico más lindo del colegio acababa de llegar y la estaba mirando.
-Hey, Yuki.- la sacudió Dimitri.
-Ya llegó el profe.- Ambos entraron corriendo dentro de la sala, sacaron sus libros y se sentaron, esperando la llegada del resto del curso.
***
Allí estaba ella, igual que todas las mañanas, hermosa como la chica que era, a pesar de que nunca lo admitiría, o al menos ante mí. Sólo pude verla de reojo mientras llegaba, ya que el profesor de matemáticas acababa de llegar a su sala. ¿Por qué ese tipo no se demoraba lo mismo que los demás? Al menos así podría haber tratado de hablar con ella a solas.
-¡Oye, muévete!- Me dijo Pablo, avisándome de ese modo que el profesor de historia había llegado. Entré en la sala y me senté en mi puesto, bostezando como nunca antes lo había hecho, no me fijé en lo que los otros hacían sino que me concentré en mi herida del día anterior. No parecía verse muy bien, sino todo lo contrario, se veía como si se hubiese infectado, pero aún así no lo podía decir con seguridad y la única persona que me lo podía decir no se encontraba aquí.
-¿Qué te pasó?- me preguntó Pablo con cara de preocupación. Rápidamente le tuve que explicar que mi gato me había rasguñado ya que no le podía decir lo que hacía, formaba parte del secreto.
-Parece infectado.- me dijo.
-¿Por qué no te pones algo?- me alegré de que no me hubiese preguntado más cosas acerca de lo sucedido.
-Es que no sabía que se pudiese infectar.- repliqué sin mucha convicción. Sólo entonces me fijé en el hecho de que no llevaba el traje debajo de mi ropa. Busqué dentro de mi mochila y tampoco lo encontré. Tuve que salir de la sala para poder dirigirme al único lugar dónde tenía uno de repuesto, pero no me gustaba, me quedaba chico y el símbolo estaba muy extraño, por desgracia debía ponérmelo porque podían llamarme en cualquier momento y debía estar listo. Sólo cuando estuve con el traje puesto y escondido regresé a mi sala, esperando que nadie se hubiese fijado en mí. Estaba a punto de abrir la puerta cuando sentí que algo o alguien me estaba observando, me giré lentamente, como si hubiese dejado caer algo. No vi nada extraño, a menos que alguien considere extraño que la chica que estaba observando al inicio de clases, pasase al lado mío como si nada. Me saqué de la cabeza la idea de que alguien me había estado observando, dejando esa extraña sensación al hecho de que corría muchos riesgos de noche. Entré en la sala y me senté en mi puesto, olvidando por completo el incidente.
***
Yuki y Dimitri estaban totalmente desconcentrados, Yuki no dejaba de pensar en el día anterior cuando por poco perdió una costilla, y Dimitri estaba completamente enamorado de una niña menor que él.
-¡Yuki!- exclamó el profesor -¿Podrías completar la ecuación de la pizarra?- preguntó amenazadoramente. La chica no contestó, sino que se levantó de su puesto y cogió el lápiz que le entregaba el profesor, luego se dirigió a la pizarra e hizo el ejercicio en menos de medio minuto. Todos la miraron sorprendidos, incluyendo el profesor ya que lo tenía todo bueno. Regresó a su puesto sin fijarse en que todos la miraban. Se sentó al lado de Dimitri, evitando golpear la mesa de lo furiosa que estaba.
-Tranquila.- le dijo Dimitri poniendo una mano sobre su hombro.
-Es que me enfurece,-dijo Yuki -el profe me tiene mala, porque siempre me pregunta a mí.-
-¿Por eso te lo sabes todo?- le preguntó Dimitri en voz baja.
-Síp.- contestó Yuki sin molestarse en bajar la voz.
-Shhhhh.- la calló Dimitri tratando de oír al profesor, a pesar de que prefería escuchar a su amiga más que al profesor.
-No me calles.- Se enojó Yuki rompiendo una hoja de papel que se encontraba en su mesa.
-Creo que rompiste la hoja equivocada.- dijo Dimitri tratando de volver a hacer la guía del profesor.
-La verdad es que lo hice a propósito.- sonrió la chica mostrando sus colmillos.
-¿Podrías no hacer esa sonrisa por favor?- Exclamó Dimitri -Me recuerdas a un vampiro.- agregó el joven mirando hacia otro lado.
-Está bien, como quieras.- dijo Yuki. Tomó dos dulces de su mochila y le entregó uno a Dimitri.
-Estás lo…- Dimitri no pudo terminar su frase ya que Yuki le metió el dulce en la boca para hacerlo callar.
-¿Y?- preguntó observando la reacción de su amigo.
-Nada.- contestó el muchacho -Ya no importa.- agregó poniéndole cinta adhesiva a la hoja rota.
-¿Para qué te preocupas tanto?- le preguntó Yuki exasperada -Igual va notar que la rompí.- agregó sonriendo de nuevo.
***
De repente sentí que mi medallón se estaba poniendo caliente y sentí que me ponía tenso. Estaba en plena prueba, y era muy importante para mi nivel el que me fuera bien. La terminé lo más rápido que pude y salí furioso de la sala, evitando cerrar la puerta de un portazo. Me dirigí a los baños y, una vez allí me quité la ropa de calle, dejándome puesto sólo el uniforme junto a la máscara, y sólo entonces abrí el medallón para encontrarme frente a frente con el holograma furioso del Maestro.
-Lo siento.- dije inclinando la cabeza -Era importante que terminase aquella prueba.- agregué para disculparme pero el Maestro no me dejó continuar.
-No creo que eso sea más importante que tu entrenamiento.- dijo sin cambiar su expresión.
-Además, he de hablar contigo en el cuartel, ¡ahora!-
-¡Oh! ¡Vamos!- Exclamé más enojado aún de lo que ya estaba.
-¿No puede esperar a mañana? ¿O a esta tarde?- pregunté exasperado, no quería ir al cuartel tan pronto, aún albergaba el deseo de hablar con la otra niña y la esperanza de que se interesase en mí, pero sabía que nada le haría cambiar de opinión al Maestro así que me resigné a partir.
-¡Está bien! ¡Voy a ir!- le dije a regañadientes. Cerré el medallón y fui donde la directora mostrándole un papel firmado por el Maestro, luego me subí al techo lo más sigilosamente posible y me empecé a dirigir hacia el cuartel general, esperando que nadie me siguiera, pero en vano, ya que al ser un novato en el grupo, todos mis movimientos eran seguidos por alguien. Solté una maldición y proseguí mi camino.
***
En cuanto terminaron de almorzar, Dimitri y Yuki salieron corriendo a la cancha de media. Dimitri tenía partido de fútbol y Yuki no sabía si tenía o no entrenamiento de basquetbol, en cuanto llegaron se separaron cada cual hacia su deporte, pero Yuki regresó de inmediato ya que no estaban los de basquetbol. La chica se sentó en un banco y observó a los jugadores, se fijó de sobremanera en el equipo de segundo medio dándose cuenta de que no estaban todos los de siempre, y al parecer no era la única que se fijaba. -¡Hey! ¿Alguien ha visto al Simón?- preguntó el arquero de segundo.
-Ni idea.- contestaron varias voces.
-Yuki podría ir a buscarlo.- propuso Dimitri observando a la chica.
-Bueno, como digas.- dijo Yuki -Pero no sé como es.- agregó observando a todos los de segundo.
-Oh, no.- pensó Yuki dándose cuenta de quién era el que faltaba.
-Es alto, rubio y de pelo largo.- dijo el arquero.
-Es el único idiota de nuestro curso que es rubio y de pelo largo.- agregó otro del equipo. Yuki no escuchó nada más, sino que salió corriendo a buscar aquel muchacho. Regresó dos minutos después con el chico, evitaba mirarlo ya que le gustaba mucho, pero él parecía no fijarse en ella.
-Gracias, Yuki.- le gritó Dimitri al verlos llegar.
-De nada.- contestó la chica partiendo hacia otro lugar. Corrió cómo loca hasta llegar a los baños de niñas y se encerró en uno de ellos, se tapó la cara con un pañuelo para evitar ser reconocida. En otra época se habría puesto una máscara, pero no deseaba recuperar aquellos recuerdos. Salió del baño y estuvo apunto de subirse al techo cuando tuvo un recuerdo… Una caída larga, un brazo que la agarraba. Un grito y un cuerpo en el suelo…
-No lo hagas.- dijo una vocecita en su cabeza -No quieres volver a pasar por eso.- agregó la vocecita, la chica no le hizo caso a su conciencia y se subió al techo, de inmediato recuperó la sensación de libertad y la costumbre de caminar por los techos. Corrió por todos los techos del colegio buscando alguna sombra que delatase a alguno de su antiguo grupo, pero no vio nada, y no se atrevía a salir del recinto del colegio, así que se bajó del techo y regresó donde sus amigos.
***
Corrí por los techos lo más rápido que pude, siempre con un ojo sobre la sombra que me seguía, de repente sentí como si alguien estuviese muy cerca de mí, agarré el cuchillo más pequeño de mi colección y pegué una patada voladora hacia la presencia que me seguía. Sonreí cuando mi pie chocó contra algo, pero se me borró casi de inmediato la sonrisa al oír a la persona.
-Buen golpe, Sanfu.- me dijo una voz de niña, gruñí como tigre y proseguí mi camino.
-Eso no fue muy cortés de tu parte.- me dijo Tonglong a mi izquierda.
-Además podrías haber dañado a Yang.- agregó mostrándome a la que yo había golpeado.
-Culpa suya.- dije -Debería haberse identificado antes.- agregué sin parar de correr. Proseguimos nuestro camino hacia la guarida en silencio. Llegamos muy pronto y una vez allí nos dimos cuenta de que Fu, Long, Seh y Ma también estaban allí, mientras que llegaban las que todos consideraban mellizas, Zhou y Hok.
-Hola chicos.- dijo Zhou sonriendo con los ojos ya que no podía ver su boca tapada por el pañuelo.
-Hola, Zhou.- contesté sin mucho ánimo, si estábamos todos allí, aquello significaba que el Maestro había planeado un entrenamiento grupal.
-No puedo creer que el Maestro me haya sacado de una prueba para un estúpido entrenamiento grupal.- exclamé con enfado.
-Hey, no te sulfures.- me dijo Long, él era el mayor de nosotros ya que estaba a punto de cumplir los veinte años, quizás por ello llevaba el nombre de un animal más sabio que nosotros, pero siempre me gustó más mi propio nombre, “Tigre de la Montaña”. Después de Long venían Ma y Tonglong con diecinueve recién cumplidos, luego Zhou y Hok con dieciocho cada una. Luego venía yo con dieciséis y por último Fu, Seh y Yang con catorce años respectivamente. Siempre había tratado con respeto los comentarios de Long, pero aquel día estaba totalmente furioso, así que me lancé sobre él justo cuando las puertas de la guarida se abrían y salían Malao y Lang. Ambos eran inseparables, pero también, para nosotros los jóvenes novatos, insoportables.
-Cuidado, chicos.- exclamó Lang, con una sonrisa.
-¿Se puede saber qué hacen?- preguntó al mismo tiempo Malao.
-Nada.- Repliqué entrando en la guarida.
***
-Allí estabas.- exclamó Dimitri viendo llegar a Yuki, la chica estaba toda despeinada y parecía muy cansada.
-¿Qué estabas haciendo?- le preguntó el chico sacando los materiales del taller de manualidades.
-Averiguando algo.- contestó la chica sin más detalles. Se sentó en silencio y prosiguió con el traje de gala japonés que estaba creando desde hacía semanas.
-¿Sigues en eso?-le preguntó Dimitri maravillado ante los diseños intricados del traje.
-Sí.- contestó Yuki fríamente. -¿Te gusta?- agregó con una voz más cálida.
-Es hermoso.- le dijo Dimitri. -Aunque no te imagino con eso.- agregó sonriendo.
-Es un traje de gala.- explicó Yuki -Lo voy a necesitar para el matrimonio de mi prima.- agregó con una mueca.
-¿Te lo vas a poner?- exclamó Dimitri. -Yo lo decía en broma.- agregó con una sonrisa.
-Mañana me lo voy a pobrar con toda la parafernalia.- le indicó Yuki
-¿Toda la parafernalia?-preguntó Dimitri sin prestarle atención a su propio trabajo.
-Los abanicos, el peinado, el broche y las telas.- explicó Yuki sacando una foto del matrimonio de sus padres.
-Esta es mi tía.- le mostró Yuki.
-Como puedes ver, lleva un traje parecido al mío excepto por el diseño.- Dimitri observó detalladamente ambos trajes y se fijó que el traje de la tía llevaba bordado un dragón, al igual que todos los trajes que se veían en la foto, sin embargo, el traje de Yuki llevaba bordado un águila con las alas abiertas.
-Creo que me gusta más el tuyo.- dijo Dimitri sin dejar de admirar el traje de su amiga.
-Pero si aún no lo he terminado.- exclamó Yuki.
-No importa, me sigue gustando más el tuyo.- dijo Dimitri sin fijarse en el hecho de que la profesora estaba justo detrás de él.
-Señor Castillo,-empezó la profesora -me agrada que usted se interese por el trabajo de su compañera, pero creo que usted tiene otras cosas que hacer, ¿no cree?- lo último lo preguntó con sarcasmo y, sin esperar la respuesta se giró hacia el traje que Yuki estaba creando.
-Muy bien, señorita Li.- La felicitó la profesora.
-Gracias, señora.- dijo Yuki cogiendo un hilo de color dorado y empezando a bordar un signo japonés.
-¿Qué escribes?- se interesó la profesora.
-Mi nombre.- explicó Yuki mientras empezaba a bordar. Se mantuvo en silencio por el resto de la clase, mientras terminaba de bordar su nombre. En cuanto la campana sonó, cogió todas sus cosas, las metió en su mochila y se puso esta al hombro saliendo la primera de la sala.
-¡Espérame!- gritó Dimitri corriendo para alcanzarla.
-¿Para qué me pides que te espere,- le preguntó Yuki, -si es que eres tú el que corre?- agregó la chica con una sonrisa.
-Precisamente para que no tenga que correr tanto.- le explicó Dimitri mientras la alcanzaba. Tanto Yuki como él se echaron a reír mientras se cruzaban con el segundo medio y, por primera vez en mucho tiempo, Yuki no se fijó en Simón.
***
Sabía que tenía que esperar a los demás, pero estaba demasiado enojado como para fijarme en esas cosas. Solo me incliné al entrar por costumbre más que por querer demostrar respeto. Me metí al pasillo y busqué la puerta del Maestro, pero antes de encontrarla se abrió una parte del muro que estaba a mi izquierda.
-¿Vienen o no?- exclamó la voz del Maestro, sin mirar si es que me seguían, entré en el lugar más extraño de la guarida, la cual de por si solo era bastante extraña. Avanzamos por un pasillo oscuro, siguiendo solo un pequeño punto de luz, sé que ninguno de nosotros le temía a la oscuridad pero en ese momento puedo asegurar que no fui el único que sintió un escalofrío ante aquel largo pasillo. Estuve a punto de salir corriendo a mi colegio, pero me dije que era mucho mejor mostrarme frío hasta llegar a la puerta que nos impedía el paso. Golpee a la puerta y sin esperar respuesta entré. Me quedé de hielo al ver la pieza en la cual me encontraba, era una pequeña pieza cálida, tapizada de color escarlata, con repisas llenas de libros y una hamaca en una esquina. Había varios sillones y un fuego en la chimenea. El Maestro estaba sentado en uno de los sillones, con el uniforme y la máscara puestos, tenía una placa de informaciones en la mano y hablaba solo.
-Está loco.- dijo negando con la cabeza.
-Son demasiado jóvenes, no lo lograrían.- me quedé de hielo mientras los demás entraban detrás de mi en silencio.
-¿A qué esperan?- nos dijo el Maestro girándose hacia nosotros.
-Siéntense.- agregó volviendo a mirar la placa de informaciones.
-¿Qué sucede, señor?- preguntó Seh. Todos la miramos enojados, pero el Maestro no le hizo caso. Se quedó en silencio mientras nos sentábamos en los sillones y solo cuando Long cerró la puerta empezó a hablar.
-Los he llamado por un asunto muy grave.- empezó el Maestro -El jefe les quiere encomendar una misión.- agregó, yo me quedé en silencio ya que sentía que el Maestro iba a agregar algo, pero todos los demás empezaron a hablar al mismo tiempo lo cual era comprensible, ya que si todo marchaba bien sería nuestra primera misión.
-¡Silencio!- Exclamé un poco más fuerte de lo que hubiese querido. Todos, a excepción del Maestro, me miraron como si hubiese hecho algo horrible pero no me disculpé.
-Si ustedes aceptan esta misión,- volvió a hablar el Maestro sin fijarse en la interrupción -estarán solos, ya que no es como las que hacen los demás.-
-¿Por qué, Maestro?- interrumpió Zhou.
-Te contestaré con otra pregunta, ¿han estado en el salón de los recuerdos?- preguntó el Maestro. Todos nos miramos incómodos, en aquel salón habían pasado muchas cosas, pero ninguna de ellas legales según las reglas de la guarida.
-A ver sus caras, sí han estado allí, pero no para ver las fotos y recuerdos.- Ma y Tonglong enrojecieron hasta las orejas mientras que los demás nos mirábamos de reojo evitando mirar a Ma o Tonglong.
-Bueno, uno nunca sabe. Iremos ahora y allí les contaré la historia.- El Maestro se paró, seguido por nosotros. No estaba seguro de lo que sucedería ahora, pero mi enojo se había cambiado por la expectación de saber que era lo que el Maestro nos quería contar.
***
En cuanto sonó la campana, Yuki salió corriendo a buscar a Hajime y Taiko, sus hermanos menores, y los encontró en la cancha de básica jugando con sus amigos.
-Taiko, llegó Yuki.- avisó Hajime a su hermano.
-Adiós.- dijeron ambos a sus amigos. Empezaron a perseguirse el uno al otro hasta llegar al lugar dónde se encontraban sus mochilas y luego corriendo hacia Yuki viendo quien llegaba primero, ganando Taiko por poco.
-Vámonos.- dijo Yuki registrando todo el perímetro por el rabillo del ojo. Viendo que no había peligro salió del colegio junto a sus hermanos, siempre manteniendo un ojo sobre los techos. Llegaron 5 minutos después y mientras Hajime y Taiko se ponían a jugar videojuegos, Yuki empezó a preparar sus exámenes pero totalmente desconcentrada manteniéndose más atenta a sus hermanos.
-¡Yuki! ¡Hajime no me deja jugar!- gritó de repente Taiko con voz estridente.
-Madre mía, Taiko.- exclamó Yuki entrando en la pieza.
-No vuelvas a gritar así, creí que los atacaban.- la chica agarró el videojuego y estuvo a punto de lanzarlo por la ventana, pero se retuvo y se lo entregó a Taiko.
-Al próximo que lo oigo gritar sin razón lo lanzo por la ventana.- afirmó Yuki regresando a su pieza.
-Ese no es el método.- pensó mientras se ponía los audífonos. Cerró la puerta de su casa de manera que nadie pudiese entrar o salir, y se concentró solo en su prueba.
***
Nos dirigíamos por el pasillo como un grupo de tontos, a mi parecer, pero obviamente el Maestro nos quería mostrar algo.
-¿Maestro?- preguntó una voz.
-¿Sí, Yang?- contestó el Maestro parándose abruptamente.
-¿Por qué no nos contó la historia allá arriba?- preguntó Yang. Me giré para observarla y vi que estaba totalmente pegada a Tonglong.
-¿Qué sucede, Yang?- le preguntó el Maestro acercándose a ella.
-No me gusta este pasillo.- Admitió Yang sin separarse de Tonglong.
-No te preocupes, estamos por llegar.- dijo el Maestro, un poco hacia Yang y un poco hacia nosotros. Tal como nos advirtió el Maestro, llegamos casi de inmediato. Mientras el Maestro avivaba el fuego, los demás se echaron en los sillones, pero extrañamente yo me sentía atraído hacia las fotos y cuadros antiguos.
-Todos esos son antiguos miembros de la orden.- me explicó el Maestro detrás de mí.
-¿Y qué pasó con el águila?- pregunté observando la foto más reciente.
-No se ve viejo.- agregué mientras trataba de discernir la cara de aquel personaje.
-Esa, precisamente, es la historia que les quiero contar.- El Maestro se sentó en el sillón más grande que había allí y con un gesto me invitó a que yo también me sentara. Desistí por los grandes sillones y preferí sentarme en el suelo para mantenerme bien despierto.
-Como Sanfu ya lo dijo, esa foto no es muy vieja,- empezó el Maestro -la verdad es que tiene sólo unos 6 años, y en esa foto Ying tiene ocho, así que en teoría ahora debería tener unos 15 años.- Todos estábamos muy concentrados, pero he de admitir que esa parte no la entendí, y al parecer no era el único que no lo entendió.
-Disculpe, Maestro. ¿Dijo “debería” tener 15 años?- preguntó Long.
-¿Acaso está muerta?- preguntó Seh a su vez.
-No, idiota. Sino tendríamos a otro Ying aquí.- le espetó Zhou.
-Cállense todos.- dijo Tonglong -El Maestro no ha terminado.- agregó mientras miraba furioso a todos los demás.
-Cómo decía,- continuó el Maestro sin fijarse en la interrupción -Esta foto fue tomada cuando el Yamagato se graduó, como pueden ver Ying y Sanfu son los más jóvenes de ese grupo y muchos de los más antiguos los recordaran como los mejores del Daisho Togukawa.- en ese momento dos manos se levantaron inmediatamente.
-¿Sí, Hok?- preguntó el Maestro.
-¿Él es el que murió?- preguntó en voz baja sin mirar a nadie.
-Espera a que termine, por favor.- respondió el Maestro.
-¿Sí, Zhou?- agregó mirando la segunda mano levantada.
-¿Ella es la que mató a Sanfu?- preguntó la chica tratando de no mirarme, pero al pronunciar mi nombre, obviamente todos se giraron hacia mi, exceptuando el Maestro y Long.
-¿Qué me miran?- dije agresivamente. -No soy un fantasma.- agregué para tratar de quitarle hierro al asunto.
-A esa pregunta, también responderé después.- explicó el Maestro.
-Tal como decía, ella llegó con cuatro años junto a Sanfu. Cuando cumplió los ocho y estaba a punto de graduarse, tuvo que pasar por la última prueba. Lo consiguió después de mucho esfuerzo, pero legalmente debía ser adoptada. He de admitir que a mi me caía muy bien y sopesé el hecho de adoptarla, hasta que ella y Sanfu recibieron un cometido de protección en vez de asesinato, ambos fueron “legalmente” adoptados, por una familia japonesa cuyos niños estaban en peligro. Un año después Ying y Sanfu empezaron una persecución en los techos, ambos estaban graduados, lo cual les permitía solicitar ayuda. Gao, Ji y Tu los fueron a ayudar, y la verdad es que Ji le salvó la vida a Ying. Ellos estaban en el techo, cuando Ying y Sanfu resbalaron. Ying logró agarrarse a un saliente y agarrar a Sanfu. Ji y Gao corrieron a ayudar a Ying y la agarraron antes de que cayera, pero por desgracia Ying no soportaba el peso de Sanfu y este, para que Ying no cayera, se soltó, cayendo solo. Ying se desesperó y bajó corriendo para ver si lo podía salvar, pero Sanfu ya estaba muerto. Fue en ese momento cuando Ying nos dejó…- había estado escuchando atentamente, pero al oír que el chico que tenía mi nombre había muerto me sobresalté y, sin pensármelo, interrumpí al Maestro.
-¿Y como es que yo estoy aquí?- pregunté sin fijarme en las miradas asesinas de mis compañeros.
-Qué yo sepa, tú aún no te has graduado.- me respondió el Maestro fríamente.
-¿Se ha mantenido en contacto con ella?- preguntó Seh.
-Esa es la razón por la que no los puedo ayudar.- respondió el Maestro.
-¿Cuál es la misión, señor?- preguntó Long enderezándose, pero una mirada del maestro hizo que se encogiese.
-¿En qué idioma te tengo que decir que no me digas señor?- exclamó el Maestro -Hasta vuestra graduación yo soy el Maestro y punto.- agregó furioso, se levantó y empezó a hacer los cien pasos hasta que se volvió a sentar.
-El jefe dice que necesita que ustedes recuperen a Ying.- dijo mirándonos fijamente.
-¿Físicamente?- preguntó Seh sarcásticamente.
-Eso, o… mátenla.- dijo el Maestro con un instante de duda.
-La quiero demasiado como para involucrarme y es por eso que ustedes estarán completamente solos en caso de que acepten.- terminó levantándose de golpe y se dirigió hacia la foto dónde aparecían Ying y el Sanfu antiguo abrazados.
-¿Qué hacemos?- preguntó Long en voz baja.
-¿Alguien tiene alguna idea de dónde encontrarla?- pregunté a mi vez.
-Basta con seguir al Maestro cuando vaya a verla.- propuso Hok también en voz baja.
-Sí, claro.- dijo Seh. -¿Y que el Maestro nos mate? ¡No gracias!- agregó en voz más alta.
-¿Señor, digo, Maestro?- pregunté teniendo una idea. -¿Cómo es Ying?- agregué.
-Ella es alta, de pelo negro azulado, ojos negros y de rasgos orientales. Y, desde que murió el Sanfu anterior, finge tener dos hermanos menores, mellizos.- cuando el Maestro terminó, todos empezamos a pensar si conocíamos a alguien con esas características. Por mi parte sólo había tres niñas de rasgos orientales en el colegio, entre ellas la que a mi me gustaba, pero, que yo supiese, ninguna habría podido golpear ni a mi hermano menor.
-¿Alguien tiene alguna idea?- preguntó Zhou, todos nos miramos en silencio hasta que yo hablé.
-Creo que tengo tres posibilidades.- dije en voz baja, me giré hacia el Maestro para ver si me había escuchado, luego me giré hacia mis amigos.
-Hay tres niñas en mi colegio que corresponden a la descripción del Maestro…a menos qué…- me quedé callado de repente, una sospecha me empezó a rondar por la cabeza.
-Yuki.- dije en voz alta.