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Regreso al trabajo

 

-¿Quién es Yuki?- me preguntaron todos.

-Una niña que tiene quince años y que tiene 2 hermanos mellizos.- expliqué buscando mi celular. En cuanto lo encontré, revisé las fotos y videos, estaba seguro de que tenía un video con ella jugando basketball y se lo quería mostrar al Maestro para que nos dijese si era ella.

-¿Maestro?- pregunté hacia él, pero el Maestro ya no estaba en la pieza con nosotros.

-¿Dónde habrá ido?- preguntó Ma mirando por todos lados.

-No lo sé, pero ya es de noche.- dije mirando mi reloj.

-¿Nos vemos mañana?- preguntó Long mirándonos a todos, todos asentimos con la cabeza sin decir nada. Me giré de nuevo hacia la foto mientras sentía que los demás se marchaban. Ahora que me fijaba mejor, Ying tenía el mismo color de ojos que Yuki, al igual que el tono de pelo y más encima ambos nombres partían con la misma letra, al igual que mis propios nombres. Me fui de la guarida con aquel pensamiento en la cabeza y me dormí con la seguridad de que al día siguiente por fin hablaría con esa niña.

***

Yuki llegó al colegio casi llevando a rastras a Taiko y Hajime, y los dejó en su sala.

-Hey, Yuki.- le gritó Dimitri -Tenemos que ir al taller de manualidades.- agregó cogiendo la talla que estaba haciendo. Yuki a su vez cogió su bolso y se dirigió a los camarines, dónde se puso el traje junto al peinado tradicional y cogió los abanicos dirigiéndose hacia la sala de manualidades, pero se detuvo e instintivamente se puso en posición de defensa.

-Tranquila, cariño, soy yo.- dijo una voz desde las sombras.

-Ardeth.- suspiró la chica bajando la guardia y abrazando al Maestro, quien estaba sin la máscara, con todas sus fuerzas.

-Hola, Yuki.- dijo el Maestro abrazándola a su vez con tono afligido.

-¿Qué sucede?- preguntó Yuki mirándolo a la cara.

-¿De nuevo?- preguntó al ver la cara de angustiado del Maestro.

-Sí,- contestó este -pero en este caso no temo por ti.- agregó con un amago de sonrisa.

-¿Acaso crees que podría vencer a Ji, Gao y Tu juntos?- preguntó la chica con un suspiro.

-No los van a mandar a ellos.- contestó el Maestro -Sino que a los novatos.- agregó tensando los músculos.

-¡¿A los novatos?!- exclamó Yuki con un sobresalto.

-¿Qué hicieron, los pobres, para que los manden a ellos?- preguntó con una sonrisa.

-El jefe está harto de que no haya un águila entre ellos.- explicó el Maestro -Encuentra que las misiones han estado con demasiados problemas.- agregó mirando distraídamente el símbolo bordado en el traje.

-Veo que tu mentalidad sigue siendo la del águila.- apuntó el Maestro.

-No es nada.- contestó Yuki.

-Es que he pasado demasiado tiempo con un solo animal.- explicó la chica -Tengo que ir a clases.- agregó empezando a dirigirse hacia su clase, aunque se paró a medio camino y se giró hacia el Maestro.

-Dile a los novatos que no acepten.- le aconsejó al Maestro sonriendo, luego abrió la puerta de la sala y entró.

-Hermosa.- le dijo Dimitri a Yuki en cuanto esta entró a la sala.

-¿Perdón?- respondió Yuki.

-Nada,- contestó Dimitri, -sólo decía que te veías hermosa.- agregó a la defensiva.

-Pero, ¿por qué tardaste tanto?- preguntó Dimitri, imaginando las posibles maneras de ponerse el traje.

-Me encontré con Ardeth.- susurró la chica acercándose a la profesora para mostrarle el traje ya completo.

-¿Y para qué fue esta vez?- le preguntó Dimitri cuando Yuki regresó a su puesto.

-Para avisarme que quizás los novatos vendrán a matarme.- contestó la chica relajadamente.

-¿Y por qué estás tan relajada?- preguntó Dimitri.

-¿No me oíste?- le preguntó Yuki -Son novatos.- agregó sonriendo mostrando sus dientes como un vampiro.

-¡No hagas eso!- exclamó Dimitri.

-¿Qué cosa?- preguntó Yuki.

-Sonrisa y asesinato.- susurró Dimitri.

-No te preocupes, no voy a matar a nadie.- dijo Yuki saliendo de la sala para cambiarse de nuevo.

***

En cuanto vi que Yuki salía de su sala, me dirigí hacia los baños, me cambié de inmediato y me contacté con los demás novatos.

-Vía libre.- le dije a cada uno de ellos. Decidí no contactarme con el Maestro, ya que temía que nos lo impidiese. Todos llegaron en menos de un segundo, lo cual nos permitió repasar otra vez el plan que habíamos preparado.

-Yo me muestro ante ella con la máscara puesta y le pido que me acompañe.- dije mirando a todos.

-Si te hace caso, la llevas a algún lugar recóndito y tratamos de convencerla.- continuó Long.

-En caso contrario, la atacamos entre todos en el mismo momento en que se niegue.- terminó Hok. El plan era perfecto, nunca sospechamos que algo podría resultar mal. Me dirigí directamente hacia las sombras cerca de los camarines esperándola. Tardó tanto que estuve a punto de adormecerme y perderme la salida de Yuki. Me apuré en interceptarla, pero, para mi sorpresa, ella misma ni siquiera pestañeó al verme.

-Sabía que vendrían.- me dijo antes de que yo pudiese decir algo.

-¿Cómo?- pregunté cuando me regresó el habla.

-El Maestro habló conmigo.- me explicó y luego agregó:

-Y que quede claro, yo no voy a ningún lado con ustedes.- iba a proseguir su camino, pero de nuevo se lo bloquee al mismo tiempo que le hacía un gesto a los demás para que no me dejasen solo. La verdad es que en ese momento yo tenía la seguridad de que podría matarla yo solo, pero, gracias a dios, les había prometido a los demás que los llamaría, y aquello fue lo que me salvó la vida. Al ver que yo hacía un gesto hacia algún lugar, Yuki soltó su bolso y sacó dos abanicos, poniéndose en posición de defensa, en tan poco tiempo que ya estaba lista cuando llegaron los demás.

-¡Ríndete!- le gritó Zhou a Yuki sacando dos cuchillos, pero Yuki sólo se hecho a reír.

-Calma.- le susurré a Long viendo que se le tensaba el cuello.

-¿De verdad creen que me pueden ganar?- preguntó Yuki.

-¡Sí!- Rugió Long, lanzándose contra Yuki.

-¡Long! ¡No!- Grité tratando de interponerme en vano.

-¿Dragón?- preguntó Yuki esquivando a Long. -Hace mucho que el Daisho Togukawa no tenía un dragón, desde antes que yo llegase la verdad.- agregó mirándome fijamente.

-¿Sanfu?- preguntó.

-Síp.- contesté yo sintiendo que la situación se nos iba de las manos. Al parecer no era el único que lo sospechaba, ya que Zhou sostuvo en alto sus cuchillos mientras que Hok sacaba sus katanas y Tonglong agarraba su espada doble.

-¿Por qué no vamos a otro lugar?- preguntó Hok.

-Porque yo no quiero.- contestó Yuki -Y nada de lo que digan o hagan me hará cambiar de opinión.- agregó plantando los pies en el suelo. Todos nos tensamos más aún, por regla general no podíamos estar tan a la vista, y menos aún provocar un escándalo en medio de un colegio, y de seguro que ella lo sabía.

-Debemos hacer algo.- le dije a Long en susurros, por primera vez estaba feliz por no ser Long, pero una voz potente me contestó antes de que mi amigo me pudiese hablar.

-¡Deberían abandonar!- Dijo el Maestro aterrizando sobre sus pies enfrente de todos nosotros.

-¡Maestro!- exclamamos todos a excepción de Yuki. La chica parecía extrañamente tranquila y, si no la hubiese estado observando no me habría fijado en que estaba un poco exasperada.

-Me las estaba arreglando perfectamente sin ti.- exclamó la chica en dirección al Maestro.

-¡¿Cómo te atreves a hablarle en ese tono al Maestro?!- exclamamos Long, Tonglong y yo al mismo tiempo.

-Está bien, chicos, no hay problemas.- dijo el Maestro tratando de tranquilizarnos, pero su técnica no funcionó y Zhou lanzó sus cuchillos hacia Yuki.

-¡Zhou, no!- gritó el Maestro, pero por los ojos de Yuki me fijé que el Maestro estaba más preocupado por Zhou que por Yuki, quién paró los cuchillos con sus abanicos, luego de qué los lanzó hacia un pared vacía.

-Buen intento, chica.- dijo Yuki con los ojos gran abiertos. -Pero necesitaras algo más para matarme.- agregó sonriendo y mostrando sus colmillos.

-¡Vampiro!- Gritaron Fu y Yang mientras salían corriendo, pero no fueron lejos ya que el Maestro, en dos zancadas, los alcanzó y los hizo regresar a su puesto.

-Ella no es un vampiro.- nos aseguró -Los vampiros no existen.- agregó como si nada, luego fue a sentarse en un pequeño muro que había allí, con la mirada fija en nuestro pequeño grupo, mientras nosotros nos poníamos en posición de ataque y ella en posición de defensa. Muchos de los chicos ya tenían sus armas en la mano, pero yo no era de ellos. Saqué rápidamente mi arco y le apunté directamente a la cabeza.

-¡Quieta!- exclamé sin mover un ápice ninguno de mis músculos. Sus ojos se posaron unos minutos sobre los mío, para luego girarse completamente sobre si misma, verificando qué armas la apuntaban. Me sorprendí mucho al verla actuar de ese modo, así que le hice un gesto a Zhou, para que también sacase su arco y la apuntase.

-¿Crees que con dos arcos vas a conseguir doblegarme?- me preguntó riendo -Se nota que el Maestro no les ha dicho nada sobre mí.- agregó. Por mi parte, sabía que bastaba un guiño, para que Zhou y yo disparásemos, pero algo hizo que me girase hacia el Maestro antes. Él estaba sentado, con las manos entrelazadas, y los ojos muy entrecerrados, todos los habíamos visto al menos una vez así, y sabíamos que eso significaba que estaba preocupado.

-¡¿A qué esperas, Yuki?!- grité para hacer diversión -¡Ríndete!- volví a gritar con más potencia de lo que había deseado en un principio.

-¡Cállate!- exclamó el Maestro sin cambiar de posición, me sentí pésimo, me gustaba esa niña y no quería dañarla, pero no me dejaba opción. Le guiñé un ojo a Zhou y mi flecha salió disparada directamente hacia Yuki, al igual que la de Zhou. Cómo esquivó ambas flechas, nunca lo supe, solo supe que en un momento estaba allí y al otro estaba detrás de nosotros. Fue la pelea más difícil que había tenido hasta entonces. Nos lanzamos todos contra ella, pero Yuki era mucho más rápida que cualquiera de nosotros y esquivaba katanas, espadas, cuchillos y otros. Al estar tan inmerso en la pelea, no podía usar mi arco por miedo a dañar a otro de mi grupo, así que saqué los cuchillos y traté de dañar a Yuki, aunque inconcientemente sabía que no deseaba dañarla. Estuvimos bastante tiempo enzarzados en la pelea hasta que ella consiguió agarrar con un brazo a Fu, poniendo su brazo alrededor de su cuello para ahorcarlo. Todos paramos de inmediato por miedo a que algo malo le sucediese a Fu. Me giré de nuevo hacia el Maestro para saber qué hacer, pero el Maestro ya estaba en cuclillas listo para intervenir en cualquier momento.

-¡Déjenme en paz!- gritó Yuki -¡Váyanse de aquí y déjenme en paz!- agregó soltando Fu y corriendo hacia su sala. Cerró de un portazo y la oí hablar con la profesora.

-¿Qué hacemos Maestro?- le preguntó Yang al Maestro mientras Seh observaba el cuello de Fu en busca de señales.

-Estoy bien, Seh.- refunfuñó Fu, me giré hacia ellos para evitar tener que hablar con el Maestro.

-Regresemos a la guarida.- dijo el Maestro subiéndose al techo. Todos nos subimos al techo y empezamos a correr hacia la guarida lo más silenciosamente posible.

***

La puerta se cerró de golpe detrás de Yuki mientras que esta se dirigía con su bolso a su puesto.

-¡Yuki!- exclamó la profesora -¿Por qué tardaste tanto?- le preguntó. Yuki sacó de su bolso un papel con un dibujo de un águila en la guarda y se lo entregó a la profesora.

-Está bien.- dijo esta luego de leer el papel. -Puedes irte.- agregó girándose hacia otros alumnos. Yuki se giró hacia la puerta, observando las sombras, sólo después de que el Daisho Togukawa se hubiese marchado salió de la sala. Fue corriendo a la sala de tercero básico y con el mismo papel del águila sacó a sus hermanos para llevárselos a su casa.

-¿Yuki? ¿Qué sucede?- preguntó Taiko tratando de soltarse.

-Hay problemas en el colegio.- fue la escueta respuesta de Yuki mientras abría la puerta de su casa. Hizo que sus hermanos entraran antes que ella, luego de que cerró la puerta activando todos los sistemas de alarma de la casa.

-¡Yuki!- gritó Hajime, la chica se asustó tanto que en vez de subir las escaleras, se metió en el tubo de cristal que le permitía dirigirse a cualquier pieza de la casa. Llegó en menos de un minuto a la pieza de Hajime.

-¡¿Qué sucede?!- gritó sacando sus abanicos.

-Las ventanas se cerraron sobre mi cortina, agarrando mi brazo y ya no lo puedo sacar.- exclamó Hajime con un brazo agarrado en la cortina. Yuki se relajó un poco y apretó el botón de la ventana para abrirla, liberando de ese modo la cortina y el brazo de Hajime.

-Gracias.- dijo Hajime abrazando a su hermana.

-No hay por qué.- contestó Yuki soltándose, salió más tranquila de la pieza, sin utilizar el tubo, y bajó a la cocina a buscar algo que preparar para comer ya que no habían llevado almuerzo.

-Chicos, abajo.- gritó mientras sacaba un paquete de rissotto pre-preparado y unas cuantas salchichas. En cuanto llegaron los mellizos, Yuki les mostró ambas opciones.

-¿Qué quieren comer?- les preguntó sonriendo.

-¿Mamá no nos mandó comida al colegio?- Preguntó Taiko conociendo las habilidades culinarias de su hermana.

-Se suponía que la íbamos a comprar en el colegio.- explicó Yuki. -Pero si no quieren que cocine, puedo pedir una pizza.- agregó mirando la cara de asco que sus dos hermanos ponían.

-¡Sí!- gritaron ambos niños felices. Yuki guardó las salchichas y el rissotto en sus lugares correspondientes, luego de qué, cogió el teléfono y pidió dos pizzas para que Taiko y Hajime no se peleasen por los ingredientes. Mandó a ambos niños a sus respectivos cuartos con la prohibición de abrir las ventanas, luego se encerró en su pieza y empezó a releer el libro que le solicitaban para el colegio, pero estaba demasiado distraída como para leer. De repente escuchó el timbre y, mirando por la ventana, vio que las pizzas habían llegado. Bajó corriendo las escaleras y, desactivando la alarma, abrió la puerta. Tomó las pizzas que le entregaba el repartidor mientras le pagaba, luego cerró la puerta y llevó las pizzas a la cocina, olvidándose de conectar la alarma de nuevo. Puso las pizzas en la mesa de la cocina, junto con tres platos y vasos de agua.

-¡A comer!- gritó hacia arriba mientras se lavaba las manos. Antes de que los niños bajasen, Yuki probó un pequeño trozo de cada una de las pizzas, por temor a que estuviesen envenenadas, pero no encontró nada raro sino por el pimiento en una de ellas. Los tres se sentaron a comer, Yuki con un mellizo a cada lado para que no se peleasen, pero más por costumbre que porque los niños se peleasen regularmente.

***

En cuanto llegamos a la guarida quise ir a mi pieza, solo, a practicar, por desgracia, el Maestro decidió que debíamos hablar en sus sala. Nos dirigimos a ella en fila india, yo iba al último y arrastrando los pies.

-Maestro, estoy cansado.- reclamó Fu.

-Luego los dejo en paz, antes tenemos que hacer algo.- explicó el Maestro continuando su camino sin parar.

-¿Maestro?- preguntó Tonglong.

-¡Ahora no!- exclamó el Maestro abriendo la puerta de golpe y encendiendo la chimenea. Todos entramos quitándonos las armas que nos incomodaban, en mi caso solo me molestaba mi arco así que lo dejé a un lado, pero todos los demás dejaron todas sus armas en cualquier lugar de la sala.

-Maestro, ¿qué sucede?- preguntó Seh sonriendo.

-¡Sucede que acaban de producir un completo desastre!- exclamó el Maestro sentándose en su sillón.

-¿Por qué?- pregunté apretando los puños, aunque ya sabía la respuesta.

-Estaban a plena luz del día, y en un colegio.- dijo el Maestro.

-Maestro, no teníamos otra opción.- nos defendió Yang, pero el Maestro no estaba para responder, sino que se levantó y puso una tetera con agua al fuego. Todos nos mantuvimos en silencio mientras el Maestro rebuscaba entre sus frascos de hierbas, hasta que encontró lo que buscaba, extrañamente me puse muy nervioso, como si supiese que algo iba mal. El Maestro tomó las hierbas y las metió en la tetera, luego nos sirvió una tasa a cada uno.

-No quiero que olviden esta pelea.- nos dijo después de que lo tomásemos, luego agregó:

-Solo tienen que olvidar la cara y el nombre real de Ying.- Todos asentimos con la cabeza, yo ya sentía los efectos de la droga administrada por el Maestro y me había empezado a dormir. Antes de que se me cerrasen los ojos pude ver como Long y Seh trataban de luchar contra los efectos de la droga, y a todos los demás, quienes ya habían caído bajo el sueño.

***

Terminaron de comer de manera pacífica, Yuki recogió los platos mientras Hajime y Taiko subían corriendo a buscar los libros escolares.

-Yuki, ¿cómo se escribe “yanagamo”?- preguntó Taiko regresando con un cuaderno en la mano.

-Y-a-m-a-g-a-t-o.- contestó la chica instintivamente.

-¿No será con “n” y “m”?- preguntó Taiko mirando a su hermana.

-Cierto.- exclamó Yuki secándose las manos. De repente, un golpe en la puerta le llamó la atención.

-Taiko, sube arriba y quédate con Hajime en mi pieza.- le susurró al pequeño, este quiso reclamar, pero al ver la cara de su hermana subió ruidosamente las escaleras. Yuki se dirigió silenciosamente hacia la puerta, pero se sorprendió mucho al verla abierta de par en par. Inmediatamente se puso en posición de defensa, cerrando la puerta con pestillo y sacando un pequeño cuchillo.

-Deberías poner pestillo siempre.- dijo una voz conocida detrás de la chica.

-¿Jacob?- preguntó sin girarse.

-Síp.- contestó el chico haciendo girar a su amiga.

-Hola.- dijo Yuki sonriendo y retorciendo un mechón suelto de su pelo.

-¿Cómo estás?- le preguntó Jaco.

-Con jaqueca.- admitió la chica. -¿Almorzaste?- agregó sacando las sobras de pizza.

-Sí, no te preocupes.- contestó el chico sonriendo.

-¿Y que hay de tu vida?- agregó observando el lugar, antes de que Yuki pudiese contestar se oyó un ruido de vidrios rotos en la planta de arriba.

-Oh, no.- suspiró la chica subiendo las escaleras a toda prisa, seguida por Jacob.

-¿Qué pasa?- preguntó el joven.

-Los chicos están en mi pieza.- contestó Yuki abriendo la puerta de golpe. Tal como lo suponía, ambos niños habían estado buscando entre sus papeles su “diario”, el cual estaban seguros de que existía, y habían volcado la foto de ella y Sanfu. Rápidamente Yuki recogió el marco y echó a sus hermanos fuera de su pieza.

-Veo que los sigues cuidando.- afirmó Jacob.

-Sus padres me siguen pagando por ello.- explicó la chica. -Aunque la mayor parte de ello va a mi educación.- agregó mientras se sentaba en indio en el suelo.

-Deberías regresar con nosotros.- sugirió Jacob mirando a su amiga y sentándose a su lado en el suelo.

-No lo creo.- dijo Yuki. -No voy a dejar que suceda lo mismo que hace siete años.- agregó con la mirada desafiante.

-¿Y esos álbumes?- preguntó Jacob haciendo diversión, la cual funcionó ya que Yuki cogió los álbumes y entre ambos empezaron a recordar los tiempos y amigos pasados.

***

Me desperté con dolor de cabeza unas cuantas horas después. Miré para todos lados y vi que me encontraba en mi pieza dentro de la guarida. Me levanté dolorosamente de mi catre y quise recordar lo que había sucedido, por desgracia solo recordaba una pelea con una niña cuyo nombre no recordaba. Estaba lavándome la cara cuando alguien golpeó a mi puerta. Me sequé la cara y me dirigí a la puerta, la cual se abrió de golpe, entrando Fu y Seh ruidosamente.

-¡Aleluya, te despertaste!- exclamó Seh sacudiéndome.

-Seh, me duele la cabeza, déjame en paz.- gruñí cerrando los ojos.

-¿Ya recordaste lo de ayer?- me preguntó Fu con los ojos semi cerrados, en ese momento sentí una oleada de enojo proveniente de mi amigo, así que lo tomé por un brazo y me lo llevé aparte.

-¿Qué te pasa?- le pregunté

-Es que no recuerdo nada de ayer.- me respondió Fu enojado.

-¿Nada de nada?- pregunté a mi vez.

-Es que solo recuerdo una pelea, pero ¡al diablo si sé con quién!- exclamó Fu enojado.

-No importa.- respondí sonriendo.

-Lo importante ahora es conseguir que Ying regrese a nuestro grupo.- agregué mientras que Seh nos miraba extrañada, luego de esa charla salimos de mi pieza y nos dirigimos al comedor. El Maestro siempre nos advertía que tuviésemos cuidado con las máscaras o pañuelos que nos tapaban la cara, y cuidar nuestra identidad. Yo siempre me ponía nervioso, y en general perdía el apetito, pero esta vez no me sentía de humor como para pensar en mi identidad y comí como si me encontrase en mi casa.

-¡Hey, chicos!- nos gritó Hung desde la mesa de los Yamagato a nuestra izquierda.

-Supe que les ganó una chica.- agregó mientras seguía comiendo.

-Sí.- respondió Long molesto. -Una chica entrenada de mejor manera que nosotros.- agregó mientras golpeaba la mesa con un puño.

-Tranquilo.- le dijo Ma poniendo una mano sobre su brazo.

-¿Por qué no los mandan a ellos?- reclamó Long furioso.

-Porque nosotros nos entrenamos con ella.- explicó NgGung.

-Y eso lo pone más difícil para nosotros.- agregó mirando a sus compañeros de mesa. Gao, Tu y Xie asintieron con la cabeza, pero yo me fijé en que faltaba Ji y aquello me extrañó mucho.

-¿Dónde está Ji?- pregunté hacia Xie.

-Él nunca está con nosotros.- explicó esta mirándonos.

-La verdad es que desde que Ying nos dejó él está cada vez menos activo.- agregó mirando al Maestro, yo también me giré hacia él y al ver su cara decidí no insistir en el tema. Terminé de comer silenciosamente, pensaba en todos los sucesos que dependían de aquella chica, desde la pérdida de un miembro hasta mi propia inclusión en el grupo.

-¿En que piensas?- me preguntó Zhou sonriendo, un no sé qué hizo que no desease decírselo.

-En nada.- contesté -Pensaba en que el próximo año voy a asesinar a mis padres.- agregué recordando lo que Gao nos había contado acerca de la última prueba.

-Yo no sé aún.- me dijo Zhou. -En este momento odio a mis padres, por lo que no seria una prueba real matarlos.- agregó mirando hacia otro lado. Dejé mi plato en el repartidor y me dirigí de vuelta a mi pieza, esperando pasar desapercibido, pero a la entrada me topé con alguien, quién también trataba de pasar desapercibido.

-¡Aouch!- exclamamos al mismo tiempo. Me separé del personaje y me puse en posición de defensa a la espera de que mi “atacante” hiciese algún movimiento. Nunca entendí por qué siempre teníamos los pasillos a oscuras así que saqué un encendedor y lo activé para ver al segundo personaje. Ji estaba frente a mí tratando de sacar algo de sus bolsillos.

-¡Ji!- exclamé, antes de poder seguir hablando, me aplastó la mano en el lugar que se encontraba mi boca para hacerme callar, por desgracia estábamos cerca del comedor y todos se asustaron al oírme gritar. Llegaron Seh y Fu corriendo, seguidos por Xie, Lang y Malao, y en la retaguardia el jefe junto al Maestro.

-¡¿Qué está pasando?!- rugió el Maestro encendiendo las antorchas.

-Chocamos.- dijimos al unisón.

-Por culpa de esta estúpida oscuridad.- agregué como excusa. Tanto el Jefe como el Maestro nos miraron fríamente.

-¡Ustedes! Regresen al comedor.- les dijo el Maestro a Seh, Fu, Xie, Lang y Malao. En cuanto se fueron el Maestro me envió a mi pieza y, junto a Ji y el Jefe se internó en los pasillos de la Guarida. En cuanto me aseguré que se fueron y que no podían oírme, corrí por otro pasillo. Sabía que iban a la sala de reuniones por alguna razón, sin embargo sabía que había un lugar dónde podía oír todo lo que se decía en la sala de reuniones. Me dirigí a mi pieza y activé el mecanismo que me permitía ir a la sala secreta, creada por mí, y en la cual tenía mi sistema de escucha secreto. Lo activé lo más rápido posible pero aún así me perdí una fracción de la conversación.

-…y la verdad es que lo veo muy difícil.- oí que decía Ji.

-¿Cuántos métodos de persuasión utilizaste?- preguntó el Maestro.

-Todos los que conozco que no le hagan daño.- contestó Ji apresuradamente, por su tono de voz, sospeché que él estaba sentado y, el Maestro y el Jefe estaban caminando alrededor de él como animales enjaulados.

-¡Sólo nos queda un medio para que regrese!- exclamó el Jefe, fue tan repentino que me sobresalté, y por poco me perdí lo que el Maestro dijo.

-Te sigue gustando, ¿verdad?- le preguntó a Ji, aquella pregunta me extrañó mucho a pesar de que toda la situación misma me parecía extraña, ni siquiera sabía por qué estaba espiando a mi propio Maestro.

-Sí, Maestro, sé que no debería decírselo a usted, al ser su padre, pero me sigue gustando mucho.- Ji parecía incómodo, pero si le gustaba la hija del Maestro, ni yo, ni el Jefe debíamos escuchar aquello, aunque, claro, ni siquiera conocía a aquella niña.

-Tienes que decirle que mientras no regrese, no podrán estar juntos.- le explicó el Jefe.

-No me va a hacer caso.- protestó Ji. -Ustedes recuerdan, ella era muy testaruda, pues lo sigue siendo.- agregó mientras el Maestro se echaba a reír.

-¡¿Por qué te ríes?!- se enojó el Jefe.

-Porque mi hija es tan humana como cualquiera,-contestó el Maestro. -y sigue bajo los influjos de todo aquello que los humanos desean.- agregó para zanjar el asunto. -Así que tienes que decirle eso.- dijo el Jefe abriendo la puerta de un golpe. De nuevo me sobresalté, pero sentía que el Jefe se movía, así que apagué de inmediato mi equipo y salí rápidamente de mi pieza secreta, sin darme cuenta de que la puerta había quedado mal cerrada. Decidí regresar a mi casa y volver a ver a mi hermano, para aprovechar el máximo de tiempo con él. Salí de pieza cerrando la puerta con llave y, sin cruzarme con nadie, salí de la Guarida regresando a casa.

***

Yuki estaba tensa con respecto a la situación que Jacob le había mostrado. La necesitaban. Y, por supuesto, necesitaban el dinero que ganaba con la protección de los mellizos.

-¿En qué piensas, Yuki?- le preguntó Taiko entrando a su pieza. Taiko y Hajime sabían que Yuki era una asesina a sueldo, y ambos le habían pedido que los entrenara para cuando ella no estuviese, algo a lo que Yuki había accedido de buena gana, ya que aquellos dos niños podrían reponer la pérdida de su grupo, siendo un trío de asesinos a sueldo.

-Pienso en mi amigo.- contestó la chica atrayendo el chico hacia ella.

-¿Ese que estuvo aquí?- preguntó de nuevo Taiko, el chico era muy sagaz para su edad y a Yuki le recordaba a su amigo Shintaro, quien ya había muerto.

-Sí, ese mismo.- contestó Yuki sonriendo.

-Pensaba que él era tu novio.- dijo una voz desde la puerta. Tanto Yuki como Taiko levantaron la cabeza sorprendidos, Yuki se esperaba ver a Gao o incluso a NgGung, pero se decepcionó al ver que solo se trataba de Hajime.

-No, él no es mi novio.- contestó la chica, sorprendida. -Mi novio fue vuestro hermano por un año.- agregó tratando de sonreír, pero solo consiguió hacer una mueca.

-Pero aún así te gusta este.- afirmó Hajime con una sonrisita de suficiencia y mirando detrás de él.

-Ya basta, Hajime, y déjalo pasar.- agregó la chica sospechando de su hermano.

-¿A quién?- preguntó Hajime inocentemente, pero al ver la cara de su hermana salió de la pieza, regresando de inmediato junto con Jacob.

-Hola.- dijo este tratando de sonreír.

-Hola.- contestó Yuki ruborizándose.

-Chicos a sus piezas.- agregó soltándose de Taiko. Ambos niños salieron mirándose y miraron a su hermana con amplias sonrisas.

-Lamento no haberte avisado que venía…- empezó Jacob pero Yuki lo interrumpió de golpe, bruscamente.

-¿A qué viniste?- su interrupción fue tan brusca, que Jacob paró y la miró como si estuviese perdido.

-El Maestro dice que debes volver.- dijo sin mirarla.

-Ardeth lleva diciendo eso desde hace siglos.- se enojó Yuki.

-¿Acaso ahora tiene una excusa válida para que yo regrese?- le preguntó con tono de acusación.

-La verdad, es que si.- contestó Jacob, marcando una pausa.

-Aunque para eso necesito saber; ¿yo te gusto?- terminó haciendo la pregunta que le rondaba por la cabeza desde que Shintaro había muerto, por desgracia para él, Yuki siempre había querido más a Shintaro que a él y por ello él nunca le había hecho esa pregunta.

-¡¿Qué?! ¡¿A qué mierda vino eso?!- exclamó Yuki mirando a Jacob con los ojos gran abiertos -Esteeee…- agregó antes de que el muchacho pudiese contestar.

-Un poco.- dijo ruborizándose.

-Pues el Maestro y el Jefe dicen que esa es una razón válida.- explicó Jacob -Y dicen que son capaces de volver a hacernos la prueba final con tal de regreses.- agregó, Yuki iba a responder cuando entendió por completo el sentido de aquella frase.

-¿Serían capaces de enviarnos a ambos a la muerte?- preguntó Yuki en voz baja cogiendo el puñal que siempre llevaba.

-Ya lo creo.- contestó Jacob enfurecido. -Les dije que era una tontería y que nos perderían a ambos, pero no me quisieron escuchar.- agregó malhumorado.

-¿Qué vamos a hacer?- exclamó Yuki abrazando a Jacob.

-¿Aparte de escaparnos?- preguntó este. -Podrías regresar.- agregó observando la reacción de la chica.

-Quizás.- admitió Yuki.

-Pero entonces Taiko y Hajime se quedarán solos.- exclamó molesta.

-Nop. Todo seguiría igual excepto que regresas a casa.- explicó Jacob.

-¿Cuándo?- preguntó Yuki.

-¿Cuándo qué?- al parecer Jacob no había entendido.

-¿Cuándo regreso?- volvió a preguntar Yuki sonriendo, alegremente. -Quiero decir, van a necesitar algo de tiempo para prepararse, ¿no crees?- agregó levantando la cabeza hacia su amigo.

-No lo creo, los novatos son muy idiotas.- explicó Jacob, aquello hizo que Yuki soltase una profunda carcajada, mientras que Jacob lograba sonreír por primera vez en aquella tarde.

-Qué bueno, empezaba a echar de menos esa sonrisa tuya.- dijo Yuki apretándolo con todas sus fuerzas.

-Cuidado.- dijo Jacob soltándose suavemente.

-Entonces, ¿nos vamos ahora?- preguntó mirando a su amiga.

-Claro, aunque voy a tener que dejar a mis hermanos encerrados.- explicó Yuki. La chica cogió su mochila escolar y de ella sacó un pañuelo, pero luego se lo pensó mejor y abrió su ropero. Rebuscó entre su ropa en búsqueda de su traje negro. Cuando lo encontró fue a la pieza de sus padres y se cambió frente al espejo. Revisó el traje por todos lados en busca de algún hoyo hecho por las polillas. Al no encontrarlo regresó a su pieza, dónde la esperaba Jacob, también cambiado, y con dos máscaras en la mano.

-Toma.- le dijo tendiéndole una a Yuki, esta la cogió y antes de ponérsela miró a Jacob. El muchacho se había puesto la máscara por sobre el pañuelo que le cubría el pelo y aquello lo hacía ver como alguien mucho mayor.

-¿Qué sucede?- le preguntó Jacob.

-Nada.- contestó Yuki -Es solo que te ves mayor con la máscara.- agregó.

-¡Taiko, Hajime, vengan un minuto!- gritó Yuki por la puerta, ambos niños bajaron corriendo las escaleras y se plantaron frente a Yuki, mientras que esta se ponía la máscara y se la ajustaba por detrás.

-Yuki, ¿qué haces?- preguntó Hajime asustado.

-Voy a regresar al Daisho Togukawa.- explicó Yuki terminando de amarrarse la máscara con la ayuda de Jacob.

-¡¿Qué?!- exclamaron los mellizos al mismo tiempo.

-Así es, así que tienen prohibido salir y/o desconectar la alarma hasta que yo regrese.- dijo Yuki cogiendo su arco y amarrándose el cinturón con los cuchillos arrojadizos.

-¿Y podemos abrir las ventanas?- preguntaron ambos niños a la vez.

-¡No!- exclamó Yuki sin pensárselo.

-Pero…- empezó Taiko.

-Pero, nada.- lo interrumpió Yuki.

-Hasta que yo no regrese, no puede haber ni una sola abertura en esta casa.- agregó la chica sonriendo, se colgó el arco a la espalda y luego salió de la casa, acompañada por Jacob. Cerró la puerta con llave y, para mayor seguridad, rompió la llave en la cerradura asegurando de ese modo la puerta.

-Nos vamos.- dijo mirando a Jacob.

-Como en los viejos tiempos.- dijo este abrazándola. Ambos se subieron al techo y desde allí se dirigieron a la Guarida.

***

Estaba cansado, lo notaba en sus ojos. Durante toda la tarde había estado jugando con mi hermano y este se estaba cansando.

-¿Simón?- me giré hacia él y vi que estaba apagando la tele.

-¿Qué sucede, Gabriel?- le pregunté.

-Estoy cansado,- me explicó -así que voy a comer y luego me voy a dormir.- agregó bostezando. Me sentí levemente decepcionado y le iba a proponer que cocinásemos juntos cuando mi medallón se puso a brillar. Dejé que mi hermano fuese a la cocina mientras que yo abría el medallón luego de ponerme la máscara.

-¿Sí?- pregunté al ver el holograma del Maestro.

-Tienes que venir a la Guarida.- me dijo el Maestro seriamente, pero me fijé en que estaba muy contento.

-¿Qué ha pasado?- pregunté.

-Se los diré en la Guarida.- dijo mientras cortaba la comunicación.

-Debe ser algo bueno si está tan contento.- pensé mientras me cambiaba. Pensé en avisarles a mis padres que iba salir, pero luego cambié de opinión y me deslicé por la cañería que se encontraba al lado de la ventana de mi pieza. Corrí por los techos sin encontrarme con nadie y llegué a la Guarida sin inconvenientes. Entré y vi que los pasillos estaban muy bien iluminados, cosa extraña, a menos que hubiese alguien de visita. Ji estaba en la puerta, extrañamente vestido con la máscara y una capa a capucha, entregando a cada uno de los que entrábamos una capa parecida a la suya.

-¿Qué sucede?- le pregunté cogiendo la que él me pasaba.

-Llegó alguien importante.- fue la única explicación que tuve, ya que su atención fue desviada por AngGangseh y HaMo que acababan de llegar, y a quienes también le entregó una capa igual.

-¿Dónde tenemos que ir?- le preguntó AngGangseh a Ji.

-Al salón de los recuerdos.- respondió Ji. -Pero eso es dentro de cinco minutos.- agregó mirándome. Decidí dirigirme allí de inmediato para no tener que hablar con mis compañeros, pero una vez allí me encontré con que la puerta estaba cerrada con pestillo por dentro. Estaba muy intrigado y a la vez aburrido así que pegué mi oído a la puerta para oír lo que sucedía en el interior. No tardé mucho en oír lo que se decía pero de las tres voces solo reconocí la del jefe y la del Maestro y, aunque la tercera me sonaba conocida, no puede definir a quien pertenecía, a pesar de saber que era la voz de una niña.

-Saben, no estoy muy segura de que sea buena idea.- dijo en ese instante la voz de niña.

-¿Qué cosa?- preguntó el Maestro.

-¡Todo esto!- exclamó la niña -¿Por qué no me incluyo así no más?- agregó golpeando algo fuertemente.

-Porque los novatos no te conocen.- explicó el Maestro.

-Además ha habido otro grupo entrenado entre los novatos y el Yamagato.- agregó el jefe.

-Y todos ellos deben conocerte.- terminó el Maestro. Las voces se apagaron durante un instante en el cual temí ser descubierto por lo que evité hacer mucho ruido.

-¿Sigue sin gustarte la sala?- preguntó el Maestro.

-Es esa foto.- la voz de la niña parecía a punto de romperse, y me dije que no debería seguir escuchando, pero mi curiosidad pudo más conmigo.

-No me gusta, me recuerda a Shintaro.- agregó con la voz tensa.

-¿Shintaro?- pensé, aquel nombre me sonaba, como un recuerdo muy lejano, pero, como con la voz de la chica, no pude definir a quien me recordaba.

-Deberíamos hacer entrar a los otros.- exclamó el jefe, me sobresalté y salí corriendo a mi pieza a la espera de que nos llamasen a todos. La llamada no tardó mucho, en cuanto sonó el timbre todos salimos de manera ordenada con las capas puestas. Los Yamagato eran los que se encontraban más expectativos, los demás ni siquiera sabíamos quien era el visitante.

-¿Alguien…?- empezó Luk mirándonos a todos

Silencio.- exclamaron Tu, Niu y Xie al mismo tiempo, las tres estaban muy excitadas e iban más rápido que nosotros.

-Van demasiado rápido.- exclamó Hung parándolas de golpe. Bajamos un poco la velocidad pero los Yamagato seguían muy excitados y parecían listos para cualquier cosa. Llegamos pronto y entramos a la sala mirando hacia todos lados para ver quien había llegado, pero solo vimos a Ji junto al jefe, sentados en un sillón con las máscaras puestas y las piernas cruzadas.

-Asiento.- nos dijo el jefe, todos obedecimos en silencio sentándonos en los sofás que allí se encontraban. Mi vista recorrió las paredes buscando al visitante, aunque no lo vi, me fijé en que faltaba una foto. Iba a preguntar dónde estaba cuando el jefe se paró y nos hizo el gesto de imitarlo al mismo tiempo que entraban el Maestro junto a una chica encapuchada y enmascarada.

-Sentados.- dijo el Maestro con tono molesto. Todos obedecimos nuevamente en silencio mirando de reojo a aquella niña. Vi que Xie y Gao deseaban lanzarse sobre ella y apretarla, pero al igual que todos se sentaron.

-Para aquellos que no la conocen, esta es Ying.- explicó el Maestro presentándonos de ese modo a la niña.

-Ella es.- me susurró Hok al oído, pero yo ya me había dado cuenta de que aquella niña era con la cual nos habíamos peleado en mi colegio.

-Tal como se lo expliqué a los novatos,- empezó el Maestro -el Daisho Togukawa necesita un águila. Por eso hoy, Ying se reintegra al equipo.- agregó, en su tono era imposible no discernir la felicidad que lo embargaba, ya que nadie lo había visto tan feliz. Luego de presentárnosla, el Maestro empezó a nombrar a cada uno del Hirugato y luego nos nombró a nosotros. Cuando me nombró a mi me fijé en sus ojos, los cuales se abrieron desmesuradamente al mirarme, luego desvió la cara de inmediato hacia otro lado. Ji también lo notó, pero no dio signos de ello mientras que todos los demás estaban tan contentos por su regreso que no notaron aquella sombra.

-Ji y Tu la llevaran a su pieza.- anunció el Maestro, indicándonos de ese modo que debíamos irnos. Miré por el rabillo del ojo y vi como Ji ayudaba a Ying para pararse. La chica se veía triste y al mismo tiempo feliz mientras salía de la pieza precedida por Ji y Tu. Decidí seguirlos, ya que era curioso por naturaleza, y, sin ser visto por los demás, me deslicé fuera de la pieza. Vi tres sombras bajar al subterráneo, donde se encontraban los dormitorios, pero dejé que se alejasen hasta que sus contornos se volviesen totalmente borrosos para luego seguirlos de a poco. De repente, una de las sombras se separó del grupo y entró a una pieza, mientras que los demás proseguían su camino. Traté de seguirlos como siempre, pero algo me impulsó a esconderme detrás de un pilar.

-Te digo que alguien nos sigue.- escuché que decía Ying.

-Ying, estás demasiado paranoica.- le dijo Ji tratando de tranquilizarla, pero yo sentía que era testaruda y que seguiría buscando hasta que me encontrasen, lo que fue exactamente lo que sucedió conmigo.

-¡Sanfu!- exclamó Ji agarrándome por un brazo y sacándome de mi escondite.

-¿Ves?- dijo Ying -No estoy paranoica y sí había alguien siguiéndonos.- agregó mirándome directamente a los ojos. No pude mantener su mirada, aquellos ojos denotaban una tristeza enorme, a pesar de que su semblante estaba impasible. Me sobrecogí en mi mismo, sabiendo que ellos eran menores que yo, pero también sabía que habían sido entrenados desde antes que yo.

-¿Por qué nos espiabas?- me preguntó Ji, no sabía qué decir, así que dije lo primero que se me pasó por la cabeza.

-Me intrigaba esa chica.- contesté mirándola de reojo.

-Primero, se llama Ying.- Se enojó Ji.

-Y segundo, no me llames “chica”- agregó Ying molesta.

-Eres menor que yo.- expliqué tontamente.

-No me refería a lo de la edad,- replicó ella -sino a lo de niña.- agregó la muchacha molesta.

-Mil disculpas.- dije sinceramente, no la miré sino que retrocedí y entré a mi pieza.

***

Ying y Ji entraron a la pieza de Ying, molestos por aquel niño que, solo por tener un año más, se atrevía a espiarlos como si nada.

-¡Me las pagará!- exclamó Ji cerrando la puerta de un golpe.

-Tranquilo.- susurró Ying abrazándolo. El contacto entre ambos apaciguó al joven quien buscó entre el pelo de la chica el elástico que sostenía la máscara. Esta cayó con un ruido sordo sobre la cama, pero ninguno de los dos lo notó, ya que estaban besándose apasionadamente.

-Espera.- dijo Ying.

-¿Qué?- se molestó Ji mirándola.

-Esto no está bien.- contestó Ying ruborizándose -Además, si Ardeth se entera te mata.- agregó sonriendo.

-Cierto.- dijo Ji separándose rápidamente de Ying. -Mejor voy a hablar con el Maestro ahora mismo.- agregó dándole un beso rápidamente y saliendo de la pieza.

***

Sabía que no tenía que espiar, pero el Maestro me tenía muy intrigado y quería saber qué era lo que tenía que ver esa niña dentro de todo lo que hacíamos.

-¿Maestro?- escuché que decía una voz desde la puerta.

-¿Qué sucede, Ji?- contestó el Maestro abriendo la puerta.

-Este… ¿se acuerda usted de la última vez que hablamos?- empezó Ji tontamente.

-Sí, y sobretodo me acuerdo de tus sentimientos hacia mi hija.- contestó el Maestro con voz agria.

-¿Le parece mal?- preguntó Ji con voz temblorosa, no sé porque me empeñaba en escuchar a escondidas, pero aquello me servía para no molestarme con mis propios sentimientos.

-No.- contestó el Maestro sin denotar expresión alguna, discernible -No me parece mal, pero tampoco me parece bien.- agregó con tono molesto.

-¿Eso significa que no tengo su aprobación?- preguntó Ji triste.

-Tampoco, eso significa que voy a hablar primero con Ying.- explicó el Maestro. Aquello fue como un golpe para mí. Ying, la chica nueva, era la hija del maestro. De inmediato, recordé la primera vez que había oído hablar de Ying. Era en el salón de los recuerdos y el Maestro nos había explicado que ella no era su hija real, sino que él la consideraba como tal… y al parecer todos los demás también.

-¿Le digo que venga?- preguntó Ji, me asusté mucho y salí corriendo sin escuchar lo que respondía el Maestro.

***

Ji entró corriendo a la pieza de Ying mientras esta trataba de dormir.

-El Maestro quiere hablar contigo.- dijo Ji de sopetón.

-¿Hablaste con Ardeth?- preguntó Ying con la cara tapada.

-Sí, y él quiere hablar contigo.- la apuró Ji, destapándola.

-¡Ji!- gritó la chica tratando de recuperar la manta.

-Arriba chiquilla.- dijo Ji por toda respuesta. Ying salió de la cama refunfuñando por lo bajo y arreglándose el pelo, cogiéndoselo dentro del pañuelo. Ji cogió la máscara y se la entregó. Ying la tomó, pero antes de ponérsela se giró hacia Ji y lo besó rápidamente, luego de qué, se puso la máscara y salió de la pieza.

***

No sé por cuanto tiempo estuve escondido detrás del pilar, ya me estaba aburriendo cuando llegó Ying por el pasillo. Golpeó tres veces a la puerta, esperó una breve pausa y golpeó de nuevo dos veces. En cuanto entró esperé un minuto y, luego de asegurarme de que nadie venía, me acerqué a la puerta.

-…y no estoy dispuesta a dejarlo.- escuché que decía Ying.

-Lo quieres y con eso me basta.- dijo el Maestro con tono enojado.

-Eres un enojón.- exclamó la voz de Ying con un tono de reproche que no me pasó desapercibido. Esa chica estaba logrando sacarme de las casillas, y la consideraba francamente insoportable. No podía concebir que alguien le hablase en ese tono a otra persona y menos al Maestro. Estuve a punto de entrar corriendo y recriminarle a la chica ese tono, sin embargo me contuve y seguí escuchando.

-Eso ya lo sabía.- río el Maestro -Sin embargo me preocupan más tus hermanos.- agregó. Estuve a punto de gritar… ¿hermanos? Eso no era posible, sus padres ya habían muerto y aquellos chicos no podían tener más de diez años, pero luego recordé a los mellizos que Ying tenía que proteger desde hacía un tiempo y me calmé un poco.

-HaMo dice que todavía le están proponiendo plata para matarlos.- dijo Ying con voz temblorosa.

-¿Es mi idea o les tomaste cariño a esos niños?- preguntó el Maestro.

-Un poco.- admitió Ying. -Los estoy entrenando para que se unan a nosotros.- agregó con orgullo en la voz.

-¿Cuándo estarán listos?- preguntó el Maestro.

-Si todo marcha bien, podrán graduarse junto con los novatos.- dijo Ying. Pude imaginarme la sonrisa de la chica y aquello me molestó más que todo lo que llevaba escuchando. Me dejé llevar por la furia e instintivamente le pegué un puñetazo al muro, lo cual lamenté mucho luego. Debía saber que tanto Ying como el Maestro estarían atentos al más mínimo ruido, sin embargo he de admitir que no me esperaba verlos aparecer frente a mí, armados como estaban.

-¡Sanfu, maldito idiota!- exclamó el Maestro bajando su báculo.

-¿Qué haces aquí?- siseó Ying sin bajar el arco.

-Nada, yo…solo pasaba por aquí.- respondí bajando la vista.

-Siempre fuiste un mal mentiroso.- rugió Ying en voz baja.

-¿Y tú como lo sabes?- exclamé molesto, ya que aquella niña parecía saberlo todo sobre mí.

-Porque eres igual al otro Sanfu.- respondió Ying. -No por nada te pusieron su nombre.- agregó con un destello de furia en los ojos.

-¿Qué hacías aquí?- volvió a preguntar, esta vez el Maestro.

-Estaba espiando.- dije con rabia. -Como en muchas otras ocasiones.- agregué sin mirar al Maestro.

-Maestro,- susurró la chica sin mirarme. -me voy a retirar.- agregó guardando el arco a su espalda.

-No te enojes con ella.- me dijo el Maestro como leyéndome el pensamiento mientras miraba como se marchaba la chica.

-¿Por qué debería enojarme con ella?- dije despectivamente. -Es usted quien me descubrió.- agregué inclinándome ante el Maestro respetuosamente.

-Mi oído está perdiendo su fineza, no fui yo.- me dijo el Maestro -Fue ella quien te descubrió.- agregó apuntando hacia el lugar por el cual se había ido Ying.

-¡¿Ella?!- exclamé furioso y avergonzado. -Sí.- fue lo único que me dijo el Maestro sin tratar de calmarme.

-Lo siento, pero me retiro.- dije mientras le daba la espalda al Maestro. Me marché furioso del lugar, pero cuando llegué a la esquina me giré de nuevo hacia el Maestro y me fijé en que no se había movido del lugar ni un milímetro.

-Qué raro.- pensé mientras me iba.

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