
Fantasía
y
Aventuras
¡Sólo son niños!
Yuki estaba en su pieza, revisando los álbumes de fotos de siempre, extrañando sus primeros días en el Daisho Togukawa.
-¿Yuki…?- dijo una voz suave desde la puerta.
-¿Qué sucede Taiko?-preguntó la chica levantando la cabeza, pero se sorprendió mucho al ver que tanto Taiko como Hajime se encontraban acompañados por tres de sus compañeros del Yamagato armados.
-Hola, Yuki.- dijo Xinia sonriendo.
-¿Qué hacen aquí?- preguntó Yuki tomando a sus hermanos hacia ella.
-¿Es que acaso no podemos decirte hola?- preguntó Jacob exasperado.
-Sí.- contestó Yuki soltando a sus hermanos.
-Ghand, el lugar está calefaccionado, no necesitas esa bufanda.- agregó mirando a su amigo egipcio.
-Es que igual hace frío.- reclamó Ghand molesto.
-Siempre reclamas por lo mismo.- se molestó Xinia. -Y por eso siempre es fácil reconocerte.- agregó sonriendo. Los cuatro jóvenes estallaron en risas mientras que Taiko y Hajime trataban de escabullirse de la pieza.
-Yuki tiene razón, Ghand.- dijo Jacob tomando a Yuki por la cintura.
-¿Ardeth aceptó?- exclamó Ghand sin tomar en cuenta a Jacob.
-Si lo quieres ver así, sí.- contestó Yuki, sonriendo.
-¡¿Ardeth aceptó?!- gritó esta vez Xinia.
-Tranquila.- le dijo Ghand poniendo una mano en el hombro de Xinia.
-Ardeth nos dijo que estaba bien y mientras fuésemos felices, no habría problema.- explicó Jacob mientras miraba por la ventana.
-¿Qué miras?- preguntó Xinia acercándose al muchacho.
-Tenemos visita.- fue todo lo que contestó Jacob.
***
No sabía qué estaba sucediendo, acababa de enojarme con el Maestro y, sin siquiera quitarme el traje, me marché hacia cualquier lado. Caminé por los tejados durante lo que me pareció horas, sin embargo, con solo mirar mi reloj, me di cuenta de que solo había estado moviéndome por cinco minutos. Miré hacia abajo y vi que no había nadie, sin embargo, tenía la sensación de haberme perdido. Sentía además una presencia extraña y desconocida, pero al mismo tiempo muy cercana.
-Sea quien sea el que esté allí,- empecé -¡qué se muestre!- terminé gritando al mismo tiempo que ponía una flecha en mi arco.
-Tranquilo.- dijo una voz a mis espaldas que me heló la sangre -Baja el arco y hablaremos.- agregó, no sé por qué, pero le obedecí a la voz, sintiéndome estúpido, guardé la flecha en el carcaj y luego me giré hacia la voz. Grande fue mi estupefacción al encontrarme frente a frente con la profesora reemplazante de educación física.
-Eres del Daisho Togukawa.- me dijo, no como pregunta, sino como afirmación.
-¡¿Y con eso qué?!- respondí agresivamente esperando que no se fijase en mi voz.
-Mira, te pagaré muy bien si matas a esos dos.- contestó mi profesora entregándome la foto de dos niños pequeños.
-¿Por qué me lo dices a mí y no a mi jefe?- pregunté observando fijamente a la profesora.
-Porque ambos niños son los hermanos menores de alguien del Daisho Togukawa.- contestó la profesora -Por eso te ofrezco a ti el premio, siempre y cuando no lo hables con los demás.- agregó entregándome un paquete de billetes amarrados con un elástico.
-Hay más para cuando termines el trabajo.- agregó mientras se giraba para irse.
-¡Espera!- exclamé -Dime dónde viven y así me encargo de inmediato.- agregué pensando en la gran cantidad de dinero que ganaría con un asesinato doble.
-Viven en la calle Pedro de Valdivia, en el número 227.- me contestó sin girarse -Es una casona grande y muy bien protegida.- agregó mientras se marchaba.
-Casona grande y muy bien protegida- pensé.
-No debería ser difícil encontrarla.- pensé mientras me subía al techo. Seguí corriendo hasta llegar a Pedro de Valdivia y me bajé para encontrar la casa más fácilmente. Caminé lo más rápido que pude, fijándome en todas las casas, sin embargo, prontamente vi que mi profesora tenía razón, la casa era muy grande, pero por sobretodo la seguridad era impresionante. Por lo que yo podía ver no había guardias, pero con uno de los nuestros protegiendo aquellos niños obviamente no se necesitaban, sin embargo, habían muchas cámaras y, según tenía entendido, una alarma que estaba activada en permanencia. Tomé uno de los garfios que el Maestro siempre nos obligaba a mantener con nosotros y lo lancé hacia una cámara golpeándola de manera que mirase hacia otro lado, luego volví a lanzar el garfio hasta la reja y empecé a escalarla de a poco, esperando que no hubiese nadie por los alrededores. Caí del otro lado con un suave golpe. Miré hacia la casa y no vi nada extraño, sin embargo me daba mala espina estar allí a plena luz del día. Me metí a la casa por una ventana, encontrándome en la cocina, la cual estaba vacía. Busqué por toda la planta baja sin encontrarme con nadie, luego subí las escaleras y busqué pieza por pieza hasta que llegué a la última puerta. Algo me decía que no abriese esa puerta, que diese media vuelta y me olvidase del dinero, sin embargo no le hice caso y la abrí con un golpe. Tal como me lo suponía ambos chicos estaban allí, aunque grande fue mi sorpresa al ver que no había nadie más con ellos, al menos en un primer momento pensé eso, ya que cuando abrí la puerta y entré en la pieza, dispuesto a matar a ambos chicos, un arco, dos dagas, dos espadas cortas y una espada ancha se interpusieron entre los pequeños y yo.
-¡Taiko, Hajime, salgan de aquí!- exclamó la persona del arco. De inmediato reconocí a Ying, Ji, Gao y Xie, y solté una maldición. Los dos niños se escurrieron por una puerta lateral y yo me dispuse a seguirlos, pero por desgracia Ji se había colado detrás de mí y me bloqueaba el paso mientras que Ying se había instalado en frente de la puerta por la cual habían salido los niños.
-¡Espero que tengas una buena excusa para estar aquí!- exclamó Ying más furiosa que nunca.
-El…el…- empecé a tartamudear como un completo idiota lo cual puso furioso a Ji.
-¡Sanfu, maldito imbécil!- me gritó.
-¡¿Por qué diantres estás aquí?!- me preguntó más furioso aún.
-Me han pagado por matar a esos niños.- contesté olvidando que Ying se consideraba su hermana.
-¡¿Qué hiciste qué?!- exclamó Ying lanzándose de golpe contra mi.
-¡Ying, no!- gritó Xie tratando de interponerse entre nosotros, pero no lo logró, permitiendo de ese modo que el cuerpo de Ying se estrellase contra el mío y luego lo único que sentí fueron un par de manos en torno a mi cuello apretando, luego todo se volvió negro.
***
-¡Ying, para!- gritó Ji.
-¡Ayúdenme!- gritó hacia Xie y Gao, que se encontraban presentes. Entre los tres consiguieron que Ying soltase a Sanfu, sin embargo, este ya se había desmayado por la falta de aire.
-¿Te volviste loca o qué?- le preguntó Xie a Ying mientras Gao jadeaba por el esfuerzo.
-Xie, suelta a Ying, Gao y yo podemos sostenerla.- le dijo Ji a Xie -Y llama al Maestro.- agregó en cuanto esta soltó a su amiga. Xie no se lo hizo repetir dos veces y de inmediato abrió su comunicador para hablar con el Maestro.
-¡La comunicación está tardando demasiado!- exclamó Xie viendo como sus amigos seguían manteniendo a Ying.
-¡Maestro!- gritó al ver el holograma del maestro aparecer.
-¿Qué sucede Xie?- preguntó tranquilamente el Maestro.
-Ying enloqueció.- explicó Xie sin dar muchos detalles, esperando que el Maestro no preguntase nada.
-Así veo.- dijo una voz desde la puerta.
-¡Maestro!- exclamaron Xie, Ji y Gao.
-¿Qué está pasando aquí?- preguntó el Maestro por toda respuesta sin prestarles atención.
-Sanfu acaba de confesarnos que recibió dinero para matar a los mellizos.- explicó Gao, aún jadeando por el esfuerzo.
-Ji, Gao, suéltenla.- ordenó el Maestro, antes de que la chica pudiese lanzarse de nuevo contra Sanfu, el Maestro le puso una mano en el hombro.
-Ying, tranquilízate.- fue todo lo que le dijo a la niña, sin embargo aquello provocó que la chica se calmase de inmediato.
-Lo siento, Maestro.- contestó mirándolo sin tomar en cuenta a nadie más.
-¿Y nosotros, qué?- preguntó Ji con una falsa cara de enojo.
-También lo siento por ustedes.- contestó la chica. -Pero no por él.- agregó apuntando a Sanfu, quién todavía estaba en el suelo.
-Ying, ¿por qué lo hiciste?- le preguntó el Maestro.
-Porque le pagaron para matar a MIS hermanos.- Ying parecía cada vez más exaltada y Ji estaba a punto de caer exhausto por todo el esfuerzo que había tenido que hacer para contener a su amiga.
-Ying, llama a tus hermanos.- le dijo el Maestro, frunciendo el ceño.
-Pero…- empezó Ying.
-Nada de “peros”.- la cortó el Maestro. -Haz lo que te digo.- agregó mientras cogía a Sanfu y lo ponía sobre el sofá de la pieza.
-¡Taiko! ¡Hajime!- gritó la chica desde la puerta -¡Vengan!- Agregó. Los chicos volvieron a entrar en la pieza, pero se mantuvieron durante todo el tiempo detrás de su hermana.
-Gao, cierra todas las puertas.- ordenó el Maestro, luego se giró hacia Sanfu y empezó a sacudirlo mientras lo llamaba por su nombre.
***
Creía que aquella chica me había matado, sin embargo, a pesar de las constantes llamadas de los muertos, una voz se sobreponía a todas las demás y me hacía regresar hacia el mundo de los vivos. Abrí los ojos de golpe y deseé que Ying me hubiese matado. El Maestro se encontraba frente a mí, al igual que Ji, Xie y Gao.
-Explicación.- me exigió el Maestro.
-Maestro…yo…- empecé, pero con una mirada de Ying me quedé callado.
-Sanfu, contesta.- volvió a decirme el Maestro. Miré por todos lados en busca de alguna abertura que me permitiese salir de aquella pieza, sin embargo, todas las ventanas estaban cerradas y delante de las dos puertas se encontraba alguien.
-¿Maestro?- preguntó Ying de improviso.
-¿Qué quieres?- le preguntó el Maestro sin quitarme la vista de encima.
-Me llevo a los niños abajo.- fue lo único que dijo la chica abriendo la puerta detrás de ella y, haciendo que sus hermanos pasasen y saliendo ella detrás.
-Xie, ve con ella.- fue todo lo que dijo el Maestro.
-Pero Maestro, ¿no corre usted peligro?- preguntó Xie mirándome con miedo.
-No te preocupes, Xie.- respondió el Maestro.
-Para eso tengo a Ji y Gao.- agregó, pero vi como su mano se acercaba a su sable.
-Maestro, cuídese.- le dijo Xie mientras salía de la pieza por la misma puerta que Ying.
-Maestro.- dije poniéndome de pie.
-Pido disculpas por lo que hice, estuvo mal.- no tenía idea de lo que estaba diciendo, sin embargo lo decía sin problemas.
-Pues no te disculpo.- se molestó el Maestro -Estás suspendido hasta nueva orden.- agregó haciendo un gesto a Gao y Ji. Ambos se me acercaron y, mientras Ji me quitaba el arco y el carcaj, Gao cogía mi medallón.
-Tanto el jefe como yo te visitaremos nuevamente.- me explicó el Maestro sin cambiar su expresión. -Hasta entonces ya no eres un Daisho Togukawa.- agregó quitándome el cinturón con los cuchillos. Todo aquello me produjo una rabia intensa, aunque fue apaciguada por el hecho de que no había asistido ninguna chica y que por ello la degradación había sido mucho menos humillante de lo que habría sido en casos normales.
-Ahora vete por la puerta.- me fijo el Maestro. Iba a preguntar algo, pero decidí morderme la lengua y marcharme con la cabeza en alto. Bajé las escaleras y, sin cruzarme con nadie, salí de la casa. La reja de la calle se abrió y yo salí a la calle, sin preocuparme por los paseantes, quienes me miraban como a un bicho raro. Me moví como en un sueño en dirección a mi casa, no sabía que hacer y menos aún como explicarle a mi profesora que había fallado, sin embargo más tarde me enteré de que esta se había marchado y que nadie la había vuelto a ver. Llegué a casa y me metí en la cama, cayendo en un profundo sueño.
***
Ying estaba espiando el paso de Sanfu y en cuanto se aseguró que se había marchado, fue al salón donde se encontraban sus amigos junto a sus hermanos y el Maestro.
-Ya se fue, Maestro.- le aseguró mientras entraba.
-Yuki, ¿podrían…?- preguntó Taiko sin terminar la frase.
-¿Maestro...?- preguntó Ying levantando las cejas.
-Entendido, pueden quitarse las máscaras.- accedió el Maestro quitándose la suya. Los cuatro jóvenes siguieron el ejemplo soltándose las máscaras y quitándose los trajes negros, mientras los dos niños miraban por la ventana.
-Ardeth, estoy preocupada.- dijo Yuki mirando al Maestro.
-¿Por ese idiota?- preguntó Jacob acercándose a su amiga.
-Yo me encargo de él.- dijo Ghand intercambiando sus bufandas de una negra a la roja de costumbre.
-Ghand, no seas idiota.- le recriminó Xinia sonriendo y, mostrando sus dientes blancos y disparejos, al mismo tiempo que sacaba un abanico.
-Nadie quiere perder a Sanfu de nuevo.- agregó soltándose el pelo.
-Yuki, tengo hambre.- le dijo Taiko a su hermana con una vocecita chica.
-Bajemos a la cocina, entonces.- dijo Yuki mirando a todos sus amigos.
-Yo no voy.- dijo Hajime sin alejarse de la ventana en la cual estaba desde que había entrado.
-Hajime, ¿qué te pasa?- preguntó Yuki acercándose a su hermano.
-Extraño a Wanda.- explicó el niño suspirando y mirando por la ventana.
-¿Te traigo algo?- le preguntó Xinia al joven niño.
-No gracias, Xinia.- fue la lacónica respuesta. Tanto el Maestro como los jóvenes bajaron a la cocina, luego de que Yuki hubiese asegurado las puertas y ventanas.
-Yuki, ¿quién es Wanda?- preguntó de repente el Maestro mientras estaban todos sentados alrededor de la mesa de la cocina.
-Luego te lo explico, Ardeth.- contestó Yuki haciendo un pequeño gesto hacia Taiko. En cuanto el pequeño terminó, Yuki lo mandó a acompañar a su hermano.
-Ahora sí, ¿quién es Wanda?- preguntó el Maestro en cuanto Xinia se hubo asegurado que Taiko había subido.
-Wanda es la chica de la cual Hajime está enamorado.- explicó Yuki.
-Pero está en Japón, y por eso Hajime está tan mal.- agregó con una sonrisa triste mirando a sus compañeros de trabajo.
-¿Tienes información nueva?- preguntó entonces el Maestro cambiando bruscamente de tema.
-Síp.- contestó Yuki sonriendo -Ya descubrí porque los quieren matar.- agregó con un gesto de triunfo.
-¡Eso es fantástico!- exclamó Jacob saltando de alegría en su lugar.
-¡Tranquilo!- se enfureció el Maestro.
-Ardeth tiene razón, Jacob. No es tan fantástico.- Yuki parecía tener cara de funeral y aquello produjo miedo en sus amigos, quienes se acercaron a ella.
-Estos chicos son los últimos de la dinastía Huang.- explicó en un susurro.