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El duelo

 

No quería despertarme, en mi sueño todo lo que había sucedido en las últimas horas solo habían sido una pesadilla, sin embargo al despertarme me dí cuenta que no era así.

-¿Qué voy a hacer?- exclamé observando mi pieza. Esta estaba en un desorden completo, pero faltaba lo que más me importaba; mis armas. Me vestí como de costumbre y salí corriendo al colegio, cruzándome, como siempre, con las mellizas Ryu, quienes se dirigían a otro colegio.

-Hola chicas.- exclamé sin mucha convicción y levantando una mano.

-Hola, Simón.- me respondieron ambas levantando la mano. A ambas se las veía siempre juntas, y sin embargo me parecía que yo era el que mejor las conocía. Proseguí mi camino hasta el bus que me llevaba cerca del colegio y, como siempre, tuve que salir corriendo llegando justo antes de que cerrasen la puerta, pero no estaba lo suficientemente concentrado en mí como para no fijarme en Yuki, quien llegaba corriendo, seguida por sus hermanos. A pesar de que la seguía considerando como muy hermosa, ya no deseaba estar con ella y verla con otros ya no me importaba.

-Hola, Simón.- me dijo sonriendo, luego entró al colegio junto con los dos niños chicos. No tuve tiempo para verlos claramente, sin embargo me parecían muy conocidos. Entré al colegio con unos minutos de atraso, pero no me importó ya que mi mente estaba ocupada tratando de recordar dónde conocía a aquellos niños.

-No sigas buscando, Sanfu.- dijo una voz a mi lado.

-No lo recordarás.- me giré hacia aquella voz, teniendo una clara sospecha de quien era.

-Maestro.- susurré al verlo a mi lado.

-El jefe quiere hablar contigo ahora.- me dijo.

-¿Ying estará presente?- pregunté.

-No.- contestó el Maestro -Solo estaremos el jefe, tú y yo.- agregó con su mítica sonrisa. El Maestro me cogió por el brazo y me arrastró hacia la salida, entregándole un par de billetes al conserje.

-¿Maestro?- empecé, pero el Maestro solo me pasó un pañuelo y, poniéndose un dedo en los labios, me indicó el techo.

-Ya lo sé.- refunfuñé por lo bajo, mientras seguía al Maestro quien ya estaba en el techo. Le seguí en silencio, pero me sorprendí mucho al ver que el Maestro no me llevaba a la Guarida, sino que se dirigía hacia la zona dónde se instalaban los mercaderes árabes antiguamente.

-¿Maestro?-

-¡Sólo cállate!- se enfureció el Maestro

-Pero…- iba a protestar, cuando el Maestro se giró hacia mi con una mirada tan terrible que mantuve mi boca sellada. Nos bajamos del techo frente a una pequeña tienda, la cual parecía vacía por fuera, pero que al entrar, estaba repleta de objetos maravillosos provenientes de todos los continentes.

-¿Vienes o te vas a quedar embobado como idiota?- exclamó el Maestro, entrando a la tienda.

-Voy.- dije sin poder evitar coger un pequeño puñal que había allí. Una jovencita nos llevó a la parte de atrás de la tienda, la cual estaba llena telas colgando por todas partes, y cojines en el suelo. Las velas despedían un aroma embriagador que hacía que la cabeza me diese vueltas. Iba a hablar cuando me fijé en que había alguien en el medio de la pieza, y luego de unos segundos me di cuenta de que era nuestro jefe.  Como si lo tuviese planeado me senté frente al jefe cruzando las piernas y me mantuve en silencio, lo cual produjo que al  Maestro se le quitase en parte la cara de enojado.

-¿Maestro?- susurré.

-Silencio, Sanfu.- la voz del jefe me sonó muy extraña, sin embargo decidí mantenerme en silencio por respeto al jefe.

-¿A qué se debe su visita?- dijo de repente. Pensé que se refería a nosotros, así que abrí la boca para responder cuando recordé que el Maestro había dicho que el jefe era el que quería hablar conmigo. Me giré hacia el Maestro quien estaba tan sorprendido como yo.

-¿Señor?- preguntó arqueando las cejas.

-Ustedes no.- lo corrigió el jefe con una sonrisa. -Sino ellos.- agregó designando una zona con su mano. Tanto el Maestro como yo nos giramos hacia aquel lugar, sin ver nada fuera de lo común.

-¡AngGhangseh! ¡Mong!- gritó de repente el Maestro.

-Pasen.- dijo el jefe suavemente, contrarrestando de ese modo el tono furioso del Maestro.

-Jefe, nos mandó llamar alguien para asesinar a los chicos Hu…Li.- explicó AngGhangseh.

-Veo que ya se filtró la información.- nada cambiaba el tono del jefe y por ende no sabíamos si estaba enojado o no.

-¿El apellido de los chicos?- preguntó Mong.

-Sí, Mong.- se enfureció el Maestro.

-Pero no nombres ninguno de los dos, por favor.- agregó mientras sus ojos relampagueaban. En mi mente se juntó el apellido Li con una cara, pero, extrañamente, la cara no era la de un niño, sino la de la chica de primero medio, aquella que estaba en el equipo de basketball y me había gustado por mucho tiempo.

-Qué raro.- pensé, sin llegar a formularlo en voz alta.

-¿Cuánto?- preguntó el jefe sin cambiar de posición pero muy atento.

-Once millones.- fue la escueta respuesta de Mong.

-En dólares.- precisó AngGhangseh sin siquiera mirarme.

-Ya lo hablaremos.- dijo el jefe indicándoles de ese modo que se fueran, cosa que no se hicieron repetir dos veces y salieron corriendo del lugar.

-¿Cuánto te pagaron, Sanfu?- me preguntó el jefe.

-250 mil pesos, con la promesa de otros 250 mil si lo conseguía.- respondí sin atreverme a mirar a ninguno.

-¿Dónde tienes el dinero?- volvió a preguntarme el jefe.

-En un escondite dentro de mi casa.- contesté levantando la cabeza, por primera vez desde que había entrado me fijé en que había una bacina llena de agua sangrienta cerca de la puerta y que habían rastros de sangre en las manos del jefe.

-Veo que ya sabes lo que pasó.- me dijo el jefe observando mi mirada.

-¿La mataron?- pregunté en voz baja.

-Antes le preguntamos quienes eran sus jefes.- me explicó el Maestro.

-Pero no respondió, así que fue ejecutada rápidamente.- agregó el jefe arqueando las cejas.

-¿Rápidamente?- pregunté, asqueado.

-Te puedo asegurar que fue mucho más rápido de lo que esperábamos.- me explicó el Maestro.

-¿Me quería ver, señor?- traté de cambiar el tema de la manera más simple; haciendo una pregunta.

-Debemos ver que hacer contigo.- el Maestro podría haberme dicho cualquier otra cosa y no hubiese sentido tal golpe.

-Aquí viste el procedimiento común de la misiones de asesinato.- me explicó el jefe manteniéndose impasible.

-Y eso es algo que tú y tu grupo deben aprender antes de aceptar encargos.- agregó el Maestro.

-¿Tú quieres regresar?- preguntó el jefe sin siquiera mirarme.

-Sí señor.- contesté emocionado.

-Pues tendrás que hacer la prueba de fidelidad.- explicó el Maestro. Miré al jefe sorprendido, pero este solo hizo un gesto hacia la puerta indicándome que me marchara. Incliné la cabeza y me dirigí hacia la puerta cuando el Maestro volvió a hablarme.

-Júntate con nosotros en este mismo lugar dentro de dos días.- me quedé helado, no sabía que era lo que debía hacer, así que proseguí mi camino hacia la puerta hasta salir de aquel lugar enivrante.

***

Se estaba aburriendo, Yuki podía ver exactamente lo que le estaba pasando y era muy obvio que Dimitri se estaba aburriendo.

-¿Piensas prestar atención?- le preguntó a su amigo en un susurro.

-Quizás, no lo sé.- contestó el chico sin siquiera levantar la cabeza.

-Te va a ir mal en la prueba.- afirmó Yuki sin dejar de tomar apuntes.

-Para eso te tengo a ti.- sonrió el chico.

-Claro.- exclamó Yuki irónicamente -Y yo soy una geisha japonesa.- agregó arreglándose el pelo. Dimitri la observó dos segundos y luego estalló en una gran carcajada, lo que produjo que todos los alumnos se girasen en redondo hacia ambos amigos.

-Señores, ¿cuál es el chiste?- se enfureció el profesor.

-Lo siento profesor.- contestó Yuki -Es solo que hice una alusión a la geishas y se rió mucho.- agregó sin decir nada más acerca de su conversación, el profesor giró su cabeza hacia otro lado e iba a agregar algo hacia Yuki cuando se oyó un golpe en la puerta.

-¡Adelante!- rugió el profesor, la puerta se abrió y una sombra muy alta apareció en el marco de la puerta.

-Necesito a la señorita Li.- dijo una voz grave, la cara del extraño estaba tapada por una capucha.

-¿Quién es usted?- preguntó el profesor.

-He dicho que necesito a la señorita Li.- volvió a decir el personaje, esta vez con voz más autoritaria.

-Y yo le he preguntado quién es usted.- respondió de nuevo el profesor. Aquello enfureció al visitante quien hizo un movimiento, levantando su capa lo suficiente como para que brillase el mango de un sable.

-¡He dicho que necesito a la señorita Li!- rugió la sombra.

-¡Maestro!- gritó Yuki saltando de golpe de su silla. Nadie en toda la sala entendió qué era lo que estaba pasando aparte de Dimitri, quien tuvo el tacto suficiente como para que nadie lo notase.

-Señorita Li, ¿me puede explicar esto?- el profesor no tenía ni la más remota idea de quién era aquel personaje y menos porque iba armado con un arma tan antigua.

-Lo siento, profesor,- contestó Yuki -pero ahora no puedo, debo irme.- agregó la chica cogiendo su bolso y saliendo de la sala dejando a todos estupefactos.

*

-Qué bueno que me hayas venido a buscar.- le dijo Yuki al Maestro.

-De nada, cariño.- contestó el Maestro sonriendo -Aunque al parecer ese profesor no es muy bueno.- agregó sonriendo de manera más amplia.

-Es pésimo.- concordó Yuki sonriendo  su vez.

-¿Busco a los chicos?- preguntó mirando al Maestro.

-No es necesario, tenemos a Lang, Malao y Mong vigilando todo el perímetro.- explicó el Maestro -No, te necesito para una prueba de fidelidad.- agregó el Maestro, sin fijarse en la chica, quien se había quedado paralizada unos pasos más atrás.

-¿Yuki?- preguntó el Maestro.

-¿Te encuentras bien?- el Maestro parecía inquieto ya que la chica parecía completamente petrificada y no se movía del lugar.

-¿La…la… la prueba… la prueba de fidelidad?- tartamudeó la chica sin moverse ni un ápice.

-Tranquila, no es a ti a quien vamos a probar.- trató de tranquilizarla el Maestro tomándola por los hombros -Ji, Gao, Zhou y Hok serán los testigos.- agregó mientras la sacaba del colegio.

***

Llevaba media hora esperando. El Maestro se había contactado conmigo para advertirme que la prueba se había corrido para ese mismo día, pero él no se encontraba presente. De repente oí un grito proveniente de mi izquierda.

-¡Sanfu!- Hok y Zhou venían corriendo como un par de locas, no quería saber qué hacían allí, sin embargo una sospecha empezó a rondarme por la cabeza, la cual se vio confirmada al ver llegar al Maestro junto a Ying, Ji y Gao.

-Maestro, ¿qué hacen ellos aquí?- pregunté lo más respetuosamente que pude.

-Lo mismo pregunto yo.- dijo Ying. -¿Qué hace él aquí?- agregó despectivamente y sacando uno de sus cuchillos para amenazarme.

-Ying, tranquila.- dijo el Maestro poniendo una mano sobre su hombro.

-Entren.- nos dijo a todos mostrándonos la puerta de la tienda, al ver que ni siquiera miraban las maravillas que nos rodeaban supuse que ya habían estado allí antes. Llegamos a la parte de atrás de la tienda, la cual había cambiado mucho en comparación a la primera vez que había estado allí. El centro, dónde antes se encontraba el jefe, estaba totalmente despejado y delimitado por unas cuerdas lo cual me hizo sospechar terriblemente acerca de lo que tenía que hacer y de por qué estaban todos allí.

-¿Maestro?- preguntó Ying.

-¿Sí?- preguntó a su vez el Maestro.

-¿Espera que le gane?- volvió a preguntar en voz tan baja que casi no alcancé a oírla.

-No, Ying.- contestó el Maestro -No es así la prueba.- agregó con los ojos relampagueando.

-Sanfu dentro, junto con Ying.- dijo una voz grave a nuestras espaldas.

-¡Mierda!- pensé mientras obedecía junto a Ying. Ji y Gao se pusieron en dos esquinas, mientras que Hok y Zhou no sabían que tenían que hacer.

-¿Maestro?- Zhou le lanzó una mirada interrogativa al Maestro, pero la respuesta no vino del Maestro, sino de la otra voz que habíamos oído antes.

-Zhou, Hok, en las otras esquinas.- dijo la voz mientras el personaje daba un paso adelante, desvelando de ese modo al jefe. De inmediato todos nos inclinamos, recuperando luego nuestra posición original.

-Ying, elije tu arma.- dijo el jefe mostrándole el arsenal que había a sus espaldas. Giré mi cabeza hacia el mismo lugar y vi que había todo tipo de armas, muchas de las cuales nunca antes había visto y mucho menos utilizado. Busqué con los ojos un arco junto con flechas, pero en vano.

-Son todas armas de cuerpo a cuerpo.- me dijo el Maestro como si me hubiese leído el pensamiento.

-Así veo.- dije tratando de mantener mi voz neutral. Ying había elegido un par de katanas y por lo tanto era mi turno de elegir mi arma. En un principio pensé que podría optar por una espada ancha, sin embargo al sopesarla sentí que era demasiado pesada y no entendí como una mujer como Xie podía llevarla. Seguí paseándome por entre las armas, pero ninguna atraía mi atención. Llegué al final de la línea sin encontrarme con nada, sin embargo algo brillante llamó mi atención al final de la hilera. Me acerqué para verlo y me fijé en que era una daga muy puntiaguda, al no saber qué era lo que tenía que hacer, elegí esa como mi arma.

-¿Listo?- me preguntó el Maestro.

-Sí…- contesté.

-Maestro, ¿está seguro?- preguntó Ying, me pareció que no era la primera vez que lo preguntaba ya que el Maestro levantó los ojos al cielo y ni siquiera se dignó a responderle.

-¿Maestro…?- empezó Ying nuevamente.

-¡Sí, Ying!- gritó el Maestro silenciando de ese modo a la chica. Ying no siguió reclamando, pero se veía que interiormente seguía molesta.

-¿Me tendrá miedo?- silencié aquel pensamiento en seguida, esa niña estaba mucho mejor entrenada que yo y por lo tanto si me atacaba, me las vería en figurillas para defenderme correctamente.

-Alumnos,- empezó el jefe -entren.- agregó mirando al Maestro y sentándose en una pequeña tarima frente al espacio en el que Ying y yo nos encontrábamos.

-Sanfu, tú tienes que acatar las ordenes del jefe.- me explicó el Maestro -Ying, tu atacas y te defiendes según te dé la gana, sin embargo quizás yo te dé instrucciones.- agregó el Maestro girándose hacia su hija.

-¡Posiciones!- gritó el jefe. No sabía lo que tenía que hacer, así que miré a Ying de reojo. Se había amarrado las katanas a la espalda y estaba con una cinta roja en la frente, la cual mantenía su pelo para que no le molestase. Había tomado una posición simple, manteniendo su guarda abierta. Opté por una posición más compleja de tipo ataque potente en cuanto me dijesen de atacar.

-Ji, Gao, Zhou y Hok, ustedes son los jueces de línea.- dijo el Maestro

-Cualquier anomalía me la indican a mi.- dijo a su vez el jefe.

-¡Salúdense!- nos indicó el Maestro. Ying inclinó todo el cuerpo pero sin bajar los ojos, traté de hacerlo, pero por poco me caí hacia delante. Vi como Zhou esquivaba una sonrisa, pero para mi sorpresa ni Ji, ni Gao mostraron la más leve sonrisa.

-Sanfu, solo ataca.- indicó el jefe.

-¡Partan!- exclamó el Maestro. La orden del Maestro resonó en mis oídos, junto a la del jefe, sin embargo Ying tomó impulso y proyectó todo su cuerpo contra el mío sin darme tiempo para reaccionar, y de repente sentí un pinchazo en la pierna, sintiendo correr la sangre por mi pierna.

-¡Sanfu, atento!- rugió el jefe.

-¡Ying, más potente!- gritó el Maestro a su vez.

-Pero no lo quiero matar.- exclamó Ying.

-No me importa, estás luchando contra un asesino en potencia.- se molestó el Maestro -Así que da lo mejor de ti.- agregó.

-Sí, Maestro.- afirmó Ying retrocediendo unos pasos. Con mano experta sacó ambas katanas de sus forros y, girando, se empezó a acercar a mí sin permitirme un ángulo para atacar.

-¡¿A qué esperas, Sanfu?! ¡Atácala!- me gritó el jefe.

-¡No lo logro!- grité a mi vez, arrepintiéndome de inmediato.

-Entonces muere.- fue la única respuesta que obtuve.

-¡Quieren mi muerte!- pensé horrorizado. En cuanto lo asimilé ataqué con mucha furia, sabiendo que moriría de inmediato si seguía así.

-Ying, más potencia.- no entendía como el Maestro podía pedirle más potencia a mi contrincante, ya que yo la veía como una furia, sin embargo, no sé de dónde sacó tantas fuerzas para atacarme de manera más potente. Cogió fuertemente ambas katanas y, como si fuesen solo una, me atacó con todas sus fuerzas con un golpe directo al pecho. Esquivé el golpe por muy poco y la ataqué al costado.

-Sanfu, defiéndete y ataca.- fue la nueva instrucción del jefe.

-Sí, señor.- cometí la gran estupidez de contestarle al jefe malgastando tiempo; tiempo que Ying usó para atacarme y cortarme en el brazo.

-¡Aouch!- exclamé sin poder evitarlo. Gracias a Dios solo fue en el brazo izquierdo y no en el cual tenía la daga.

-¡Ying, piensa en tus hermanos!- gritó Ji de repente.

-¡Silencio!- dijo el Maestro, sin embargo, me fijé en los ojos de Ying y vi un brillo asesino en ellos, el cual no había visto nunca antes en una persona.

-¡Alto!- gritó el jefe. Todos nos giramos hacia él, pero supe de inmediato que no se fijaba en nosotros.

-Descanso.- agregó el jefe. No miré a Ying, sino que me dirigí directamente hacia dónde se encontraban Zhou y Hok.

-¿Te duele mucho?- me preguntó Hok, quise hacerme el valiente y negar el dolor, pero no pude ya que el dolor era muy fuerte.

-Bastante.- admití a regañadientes.

-Deja que te ayude.- me pidió Hok cortando trozos de tela para vendarme las heridas. Miré hacia todos lados buscando a mi contrincante, sin verla, hasta que me fijé en las sombras cercanas a la zona de las armas.

-Sanfu, no es buena idea de que sigas.- me dijo el Maestro.

-¿Y qué hago entonces?- le reclamé apenas atento a lo que me decían.

-Ríndete y podrás vivir.- me dijo el Maestro -Ji cometió la estupidez de meter a sus hermanos en esto, por lo que ahora pelea hasta matar.- agregó sin mirarme.

-¿Maestro?- pregunté.

-¿Mmm…?-

-¿Qué es peor? ¿Qué ella me mate o ser deshonorado?- la pregunta salió de mis labios sin que pudiese retenerla.

-Depende de ti y de cada una de las personas que me hacen esa pregunta.- me explico el Maestro -Para ella sería peor la deshonra.- agregó como de pasada.

-¿Y para mi?- estaba desesperado y quería a toda costa una respuesta.

-Ya lo dije, eso depende de ti.- el Maestro precia fatigado por lo que decidí no seguir preguntando para no molestarlo más.

-Terminado.- dijo Hok, justo cuando el jefe se levantaba y nos indicaba que debíamos regresar al centro. Entré sin apresurarme, aquella duda me seguía rondando por la cabeza y aún no conocía la respuesta. Me giré en rededor en cuanto entré y, para mi sorpresa, vi que ella no estaba dentro.

-¿Señor?- pregunté hacia el jefe -¿Qué sucede?- agregué sin saber si quería realmente saber.

-¿Ji?- preguntó el jefe.

-Lo siento,- empezó Ji. -pero si quieren que él sobreviva mejor que se rinda.- explicó sin siquiera mirarme.

-¿Qué sucede?- preguntó el Maestro acercándose al Jefe por un costado.

-Tenemos problemas con Ying.- contestó el jefe.

-¿Qué clase de problemas?- preguntó el Maestro.

-¿Recuerda ese brillo asesino que antes siempre tenía en los ojos?- preguntó Ji, miré las expresiones de los dos adultos y lo único que vi fue temor.

-Maestro, ¿qué sucede?- preguntó Zhou, me extrañó oír su voz, ya que casi me había olvidado de ella.

-Sucede que Ying recuperó su forma original.- fue la escueta explicación del Maestro.

-¿Su…”forma original”?- pregunté extrañado.

-Así es.- contestó el Maestro.

-Gao, ¿cómo se encuentra?- preguntó el jefe hacia las sombras.

-Estacionaria.- fue todo lo que dijo la voz de Gao.

-¿Le administraron la droga?- preguntó el jefe.

-Sí, señor.- contestó Ji.

-¿Y qué hay del duelo?- pregunté algo molesto.

-Tendrás que esperar.- la voz del Maestro fue tapada por los gritos que en ese momento se empezaron a escuchar.

-¡Suéltenme! ¡¿Qué les pasa?! ¡¿Por qué estoy amarrada?!- los gritos eran aterradores y sin embargo los únicos asustados éramos Hok, Zhou y yo.

-Primer efecto.- indicó Gao en ese momento. Hok y Zhou estaban abrazadas la una a la otra y para ellas el mundo se iba a acabar en cuanto soltasen a Ying. Yo no sabía qué pensar, excepto de que aquella niña era muy rara. De repente los gritos menguaron y fueron cambiados por sollozos continuos.

-Pobrecita.- dijo entonces Zhou.

-No lo creas.- contestó el Maestro con un brazo en alto.

-No te gustaría encontrarte con ella así.- agregó Ji con una sonrisa malévola en la cara.

-¡Les digo que me suelten!- gritó Ying nuevamente.

-¡Basta! ¡Cállate!- grité fuera de mi, lo que me valió una mirada furiosa de parte del maestro.

-¡No!- gritó Ying a su vez más furiosa aún -¡No me callo! ¡Nadie me hará callar!- agregó la chica. El ruido parecía como si alguien tratase de soltarse.

-Maestro, las cuerdas no van a resistir mucho más.- explicó Gao, su tono parecía preocupado y no parecía estar contento por ser el más cercano a su amiga.

-Solo hay una manera para que esto no termine en tragedia.- explicó el Maestro.

-¿Cuál es tu idea?- preguntó el jefe, el cual parecía muy nervioso.

-Dejarla aquí junto a Sanfu, y que de ese modo terminen el duelo.- explicó el Maestro, suspirando.

-¡¿Me quieren matar?!- grité fuera de mí.

-Esto sucedió por tu culpa, así que tú lo tendrás que arreglar.- dijo el Maestro.

-¡¿Cómo que por mi culpa?!- exclamé -¡Fue Ji el que le recordó sus hermanos!- agregué temblando de rabia.

-¡Sólo obedece!- rugió el jefe zanjando de ese modo el asunto.

-Fuera todos, menos Ying y Sanfu.- agregó el Maestro saliendo de la pieza junto con los otros.

-¡Suéltenme!- gritaba Ying.

-Lo siento, Ying, pero no lo haré.- dije tomando la daga para matarla.

-¡Cobarde!- me grito entonces Ying -¡Suéltame y pelea si eres un hombre!- agregó tirando sobre sus cuerdas.

-No lo haré.- le expliqué -No eres de confiar.- agregué algo pesaroso, me sentía mal por matar a esa niña que no estaba armada.

-¡Te digo que me sueltes!- gritó nuevamente la chica, y, haciendo mucha fuerza rompió la cuerda que la mantenía amarrada. De inmediato cogió las katanas y se lanzó contra mí. Rodé por el suelo protegiéndome con la daga hasta llegar a la zona dónde se encontraban las armas, allí choqué contra algo muy duro, pero que sin embargo tampoco me dañó. Me giré y vi un escudo, lo agarré y lo puse delante de mí. Justo a tiempo, como lo vi un par de segundos después, ya que Ying había lanzado una de las katanas contra mi cuerpo y esta había rebotado contra el escudo.

-¡Cobarde!- gritó entonces Ying.

***

-Lo va a matar.- dijo Ji suspirando.

-No lo creo.- contestó Hok -Él es muy persistente.- agregó con una luz en los ojos.

-Quizás, pero Ying está mejor entrenada y además está furiosa.- explicó Ji.

-Eso la ciega, y es más un problema que una ventaja.- indicó Zhou.

-No lo creas.- explicó Gao -Ella controla su furia hasta que la usa para su propio beneficio.- agregó el chico.

-Entonces, ¿Sanfu está perdido?- preguntó Hok. Todos notaban su desesperación, sin embargo ninguno podía hacer nada para cambiarlo, ya que aquello sería desobedecer las órdenes directas del Jefe Y del Maestro.

-Estoy preocupada.- susurró Hok, en ese mismo momento se oyó un grito.

-¡Cobarde!-

-Esa es Ying.- dijeron Ji y Gao al unisón.

-Obvio. Algo debió de pasarle.- agregó Ji.

-No creo, seguro que aún está amarrada.- dijo Gao, entre ambos niños se inició una larga discusión, hasta que un ruido de metales los desconcentró, o mejor dicho, el ruido de un metal chocando contra algo muy duro.

-¡Cobarde!- el grito resonó de nuevo, pero esta vez fue acompañado por un ruido sordo, como si fuese un golpe muy potente. Los cuatro jóvenes tensaron los músculos y agudizaron el oído, atentos a cualquier cosa. De repente un grito agudo resonó por las paredes de la tienda, sin pensarlo, los cuatro jóvenes corrieron a la puerta y entraron atropelladamente en la sala.

***

El golpe fue terrible y no sé como lo resistí, sin embargo, ella no acabó allí, sino que tomó ambas katanas como si fuesen una sola y me abrió el muslo como si fuese una simple hoja de papel. El dolor fue insoportable y pegué un grito tan agudo que Ying tuvo que taparse los oídos para no quedarse sorda, sin embargo a la vista de la sangre, la luz asesina de sus ojos se apagó bruscamente y tuve frente mí a la misma Ying que yo había conocido desde siempre. No me fijé en lo que ella hacía, sino en la puerta que estaba detrás de mí, y por lo tanto, en la puerta por la que vi entrar a Ji, Gao, Hok y Zhou. Ji y Gao buscaron de inmediato a Ying, sin embargo Hok se lanzó contra mí, revisando mis heridas.

-Ying, tranquila.- oí que le decía Ji a la chica.

-¡Maestro!- gritó Gao, llamándolo de esa manera.

-Ying, tranquila, él está bien.- Ji seguía tratando de tranquilizar a su amiga.

-¿Estás bien?- me preguntó Hok desgarrando una de las cortinas para vendarme la herida.

-Me duele…me duele.- fue todo lo que pude decir. Hok iba a levantarse y golpear a Ying por lo que me había hecho, pero el grito de Gao llamando al Maestro, la paró.

-¡¿Qué está sucediendo aquí?!- preguntó el Maestro, entrando con su sable en la mano y seguido por el jefe.

-Ying se quiere suicidar.- exclamó Gao antes de que cualquiera pudiese hablar.

-Tranquila, no le ha pasado nada.- la voz de Ji se seguía escuchando, sin embargo, la de Ying no se oía en absoluto y por un instante temí lo peor.

-¿Dónde está?- preguntó el Maestro, su semblante parecía tranquilo, pero su voz denotaba nerviosismo y preocupación.

-Está junto a las armas.- contestó Gao.

-¿Y Sanfu?- preguntó Hok quien parecía cada vez más furiosa.

-Yo me encargaré de él.- respondió el jefe acercándose a mi. Entre él y mis dos amigas lograron levantarme y sacarme de la sala. Lo último que vi fue al Maestro agachándose sobre Ying, antes de que se cerrase la puerta.

-¿Cómo está tu pierna?- me preguntó el jefe, preocupado.

-Destrozada.- respondí antes de desmayarme.

***

-Yuki, escúchame, está bien.- exclamó el Maestro tomando a la chica por las muñecas.

-Yuki, ¡basta!- gritó entonces Jacob, pegándole una bofetada a su amiga, esto tuvo por efecto de despertar completamente a la niña, quien cerró los ojos y al abrirlos miró directamente al Maestro.

-Maestro, lo siento, enloquecí…fue la sangre, yo…lo siento, lo siento, lo siento…- Yuki siguió diciendo “lo siento” hasta que el Maestro levantó la mano.

-Tranquila, Yuki.- dijo -No ha pasado nada.- agregó abrazando a su hija.

-Tengo miedo, Ardeth.- contestó Yuki, sollozando -Tengo la misma sensación que cuando murió Shintaro.- agregó. Si el Maestro se sorprendió, no dio muestras de ello, ya que se mantuvo todo el rato al lado de ella y tranquilizándola en voz baja.

-¿Se encuentra bien?- le preguntó Ghand a Jacob.

-No lo sé.- contestó este -Parece que le entró la depresión de nuevo.- agregó el chico sentándose de piernas cruzadas al lado de ella.

-¿Ardeth?- preguntó Yuki con una pequeña voz casi inaudible.

-¿Mmm?-

-¿Estará bien?- volvió a preguntar la chica soltándose de su abrazo.

-Sí,- contestó el Maestro suavemente -Tú sabes que Yue es una excelente curadora.- agregó con una sonrisa en los labios.

-¿Yue? ¿La chica del dragón de jade?- Preguntó Ghand relamiéndose los labios.

-Esa misma.- contestó el Maestro.

-Cuando Sanfu esté mejor, lo visitaréis.- agregó.

-Y por fin probaré el pollo con salsa de soja.- gritó Ghand contento.

-No es del gusto de un egipcio.- le reclamó Jacob  haciendo muecas de asco.

-Pero nunca lo ha probado.- arguyó Yuki -Así que déjalo ser feliz imaginando los sabores.- agregó.

-Cierto que este idiota come saltamontes.- exclamó Jacob.

-Y tú comes puro sintético y químico.- reclamó Ghand.

-Basta, chicos.- dijo Yuki, viendo que Jacob iba a reclamar -Déjenlo así, cada cual con sus gustos.- agregó con una sonrisa.

-Bah.- contestaron ambos chicos.

-Mira quien habla.- agregó Ghand

-Sí, la chica que le gusta el arroz con todo.- dijo Jacob y los tres se echaron a reír.

-Menos el pimiento.- dijo el Maestro.

-Puaj.- exclamaron los tres al mismo tiempo.

-Esa cosa…- empezó Ghand.

-Es total y completamente…-continuó Jacob.

-asquerosa y repugnante.- terminó Yuki.

-Bravo, se lo aprendieron de memoria.- aplaudió el Maestro.

-¿Cómo se encontrará Sanfu?- preguntó entonces Yuki.

-Supongo que con un dolor de pierna increíble.- respondió el Maestro -Y supongo que mañana Ghand podrá probar el pollo con soja.- agregó levantando a Yuki. La chica, apoyada en sus amigos, se movió por las calles hasta llegar al colegio dónde la esperaban Lang, Malao y Mong con una grata sorpresa.

-¡Mamá!- gritó Yuki soltándose de sus amigos y apurando el paso hacia su madre.

-¿Qué haces aquí? Pensaba que estabas en Coquimbo verificando datos.- exclamó lanzándose al cuello de su madre.

-Así es, pero Ardeth se comunicó conmigo para que regresase pronto.- explicó la madre. Aquella mujer era imponente, era muy alta y tenía un peinado al puro estilo japonés, además de su vestimenta, la cual era un kimono rojo con ciertos tonos de naranjo.

-Señora.- dijo Jacob con una reverencia.

-Hola, Jacob. Tanto tiempo sin verte.- respondió la mujer abrazando al muchacho.

-Mamá, ¿y los niños?- preguntó Yuki.

-En la cancha de fútbol, te están esperando a ti.- contestó la mujer. Mientras Yuki corría a buscarlos, Jacob tomó aparte a la madre de su amiga para poder hablar con ella.

-Sabes que Yuki regresó al grupo, ¿verdad?- la pregunta fue como un golpe para la mujer quien bajó los ojos.

-¿En serio?- preguntó -No me extraña.- agregó antes de que Jacob pudiese responder o siquiera abrir la boca.

-¿Por qué no te extraña?- preguntó Jacob.

-Eres curioso por naturaleza, ¿he?- dijo la mujer sonriendo.

-Lo siento, Kiyohime Haruka.- contestó Jacob enrojeciendo hasta las orejas.

-Puedes llamarme Haruka, sabes que para mi no es importante.- dijo la mujer sin dejar de sonreír.

-Me incomoda saltarme el protocolo.- admitió Jacob.

-Así veo. Bueno para que lo sepas, no me extraña que ella haya regresado, porque este último tiempo ha estado muy melancólica.- explicó Haruka -Si no la llamaban de vuelta, seguro que sería ella la que hubiese vuelto.- agregó.

-¡Ya estoy aquí!- gritó una voz a sus espaldas. Ambos se giraron en redondo para encontrarse cara a cara con Yuki, Taiko y Hajime que ya habían llegado.

-¡Yuki, no hagas eso!- gritó Jacob pegando un salto hacia atrás.

-Cariño, de ese modo nos asustas.- explicó Haruka con voz suave.

-¿Y papá?- preguntaron los mellizos sin fijarse en la discusión de los más grandes.

-Está en un viaje de negocios.- explicó Haruka sin extenderse más lejos.

-¿En Japón?- preguntó Hajime.

-Sí, Hajime, en Japón.- contestó Yuki por su madre.

-¡¿Me traerá un mensaje de Wanda?!- exclamó el niño recuperando la sonrisa.

-Quién sabe.- contestaron todos los grandes a una misma voz.

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