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El Dragón de Jade

 

Me desperté de un sueño muy profundo, oliendo algo que nunca antes había conocido, sin embargo, prontamente me di cuenta de que no era el olor lo que me había despertado, sino unas voces en la pieza de al lado que hablaban muy fuerte.

-Somos asesinos a sueldo, no niñeros…- la voz me sonaba vagamente conocida, pero no lograba definir de quien.

-Veo que te despertaste.- giré la cabeza hacia la puerta y vi que por ella entraba una chica, no mucho mayor que yo, con una bandeja con comida.

-¿Qué tal tu pierna?- me preguntó dejando la bandeja sobre una mesilla, al lado de la cama. Al oírla miré instintivamente mi pierna y vi que estaba vendada, y que me dolía mucho menos.

-¿Cuánto tiempo he estado dormido?- pregunté asombrado.

-No mucho.- me contestó la chica -Solo unas 24 horas.- agregó sonriendo.

-¡¿Solo 24 horas?!- no era mi intención gritar, sin embargo lo hice, provocando un revuelo en la sala de al lado. El Maestro entró corriendo, y, al verme en la cama, se tranquilizó.

-¿Qué tal la pierna?- le preguntó a la chica sin hablarme.

-Está muy bien.- contestó la joven -Pronto podrá volver a caminar sin problemas.- agregó quitándome las vendas. No quise mirar, así que me fijé en todos los sonidos que mi oído podía captar, notando una campanilla que sonaba cada dos minutos aproximadamente.

-¡Yue!- gritó alguien desde otra pieza.

-¡Voy!- el grito de la chica me traspasó la cabeza, pero no tuve tiempo para reclamar, ya que la chica ya se encontraba en la puerta de la pieza.

-Maestro, has que coma.- fue lo único que dijo antes de marcharse. El Maestro cogió el cuenco de comida y, tomando la cuchara, me dio la comida.

-Tienes suerte de estar vivo.- me dijo el Maestro, como de pasada.

-¿Por qué lo dice?- pregunté sin dejar de comer.

-Porque Ying tiene la sangre muy fría, y por lo tanto es una excelente luchadora.- me explicó el maestro.

-¿Está aquí?- pregunté -Me gustaría disculparme.- agregué terminando mi comida.

-No, no está aquí.- contestó el Maestro -Pero llegará en un rato más.- agregó con una extraña luz en los ojos.

-Y tanto tú, como todos entenderán qué es lo que está sucediendo.- el maestro terminó de hablar y cogió la bandeja, dirigiéndose a la puerta.

-Maestro, ¿dónde estamos?- le pregunté antes de que se marchara.

-En el “Dragón de Jade”- fue la escueta respuesta que recibí, luego de qué, el Maestro se marchó, dejándome solo con mis pensamientos.

***

-Mamá, se suponía que hoy día nos juntábamos en el “Dragón de jade” con mis amigos.- Yuki estaba en el aeropuerto junto a sus hermanos y su madre, a la espera de su padre que no tardaría en llegar.

-Lo sé, Yuki.- contestó Haruka -Pero ya hablé con Ardeth, él sabe que llegaremos tarde.- agregó la mujer con una sonrisa tranquilizadora.

-¿Llegaremos?- preguntó Yuki escéptica -No pensarás en llevar a los chicos, ¿verdad?- agregó mirando a sus hermanos menores.

-¿Por qué no?- preguntó la mujer -Ya tienen edad suficiente para saber la verdad.- agregó mirando el panel de llegada.

-¿Mamá?- dijo una vocecita.

-¿Sí, Taiko?- preguntó la mujer desviando la mirada.

-¿No es papá el que está allá?- preguntó el niño apuntando con su dedo un punto lejano.

-Si no me equivocó, Taiko tiene razón.- dijo Yuki achicando los ojos.

-Espérenme aquí. No se muevan.- dijo Haruka corriendo hacia aquel lugar.

-Yuki, ¿qué es eso tan importante que tenemos que saber?- preguntó Taiko, picado por la curiosidad.

-No te lo diré,-replicó Yuki -lo sabrán a su debido tiempo.- agregó frunciendo el ceño.

-¿Crees que papá traiga algo de Wanda?- preguntó Hajime, el pobre muchacho parecía más desolado que nunca, a pesar de que hacía todo lo posible para esconderlo.

-Seguro que al menos te trae noticias.- le dijo la chica. Se concentró directamente en la masa de gente que allí había y de repente sintió un ruido imperceptible, pero que la asustó mucho.

-¡Al suelo!- gritó dando el ejemplo y tirando de sus dos hermanos. Una bala pasó silbando encima de los tres niños sin dar en el blanco, seguida de otras dos que, al igual que la primera, se estrellaron contra la pared detrás de Yuki. Antes de que Yuki y los chicos pudiesen levantarse estalló un gran griterío, y todos empezaron a correr de aquí para allá, tratando de escapar.

-Yuki, ¿por qué no corremos?- preguntó Taiko un poco asustado.

-Mamá nos dijo que nos quedemos aquí y aquí nos quedamos.- dijo Yuki manteniendo los pies anclados en el suelo.

-¡Yuki, Taiko, Hajime!- gritó una voz potente, muy cercana a ellos pero por detrás del gentío.

-Papá estamos al lado tuyo, no tienes que gritar.- Dijo Yuki llevando a sus hermanos al lugar dónde se encontraban sus padres.

-Hikaru, te dije que ellos se quedarían allí.- exclamó Haruka abrazando a los mellizos.

-¿Están bien?- le preguntó Hikaru a Yuki.

-Sí.- contestó esta mirando la maleta de su padre.

-Sí, allí están.- dijo este siguiendo la mirada de la chica hasta su maleta.

-Entonces vamos de inmediato al “Dragón de Jade”- exclamó la niña cogiendo el bolso de su padre.

***

Estaba aburrido, lo único que quería era levantarme y ver a mis amigos, pero no tenía posibilidad de hacerlo con el Maestro vigilándome cada dos minutos.

-¿Maestro?- dijo una voz desde la puerta.

-Pasa, Yue.- dijo el Maestro saliendo de la pieza.

-Permiso.- dijo Yue mientras entraba -Te traje tus cosas.- agregó la chica entregándome un bulto muy extraño.

-¿Mis…cosas?- pregunté extrañado tanteando el paquete.

-Sí,- contestó la chica -tus cosas que te quitaron cuando te degradaron.- me explicó.

-El Maestro quiere que las recuperes.- agregó con una extraña sonrisa en los labios y mostrando sus dientes disparejos.

-Woa, gracias.- exclamé abriendo el bulto. Tal como lo esperaba, dentro se encontraban mis armas, mis ropajes negros y una máscara muy distinta a la que antes usaba, pero no pregunté nada, ya que el Maestro siempre cambiaba el uniforme. Me vestí rápidamente, ayudado por Yue, y, luego de colgarme el carcaj del hombro, salí de la pieza, apoyado en Yue.

-¿Ya llegó Ying?- pregunté.

-¿El águila? ¿Recuperaron al águila?- preguntó Yue sorprendida.

-Sí.- contesté.

-Pobre chica.- dijo Yue, en ese momento me fijé en que Yue no llevaba la marca del Daisho Togukawa, pero que sin problemas podría haber sido el águila.

-No, aún no ha llegado.- agregó Yue para responder a mi pregunta.

-Una duda.- dije.

-¿Mmm…?-

-¿Por qué no eres tú el águila?- en cuanto formulé la pregunta me di cuenta de lo poco apropiada que era, pero ya no podía retirarla.

-Fui el águila por un año.- contestó -Pero luego descubrí que ser asesino no era lo mío, así que ayudé de otra manera.- agregó sonriendo.

-¿Qué es el “Dragón de Jade”?- pregunté entonces.

-Una tapadera.- me explicó la chica abriendo una puerta. En cuanto crucé la puerta me encontré en un restaurante, el cual estaba aparentemente cerrado, pero luego me fijé en un grupo de personas que estaban conversando animadamente en un extremo de la sala.

-Vaya, Sanfu que llega.- dijo una voz conocida a mis espaldas.

-Hola Tonglong, que gustazo verte.- dije reconociendo a mi amigo. Entre él y Yue me ayudaron a sentarme y vi que todo el Daisho Togukawa se encontraba presente, excepto por cinco sillas que estaban vacías.

-¿Y Ying?- pregunté.

-Viene en camino.- me explicó el Maestro.

-¿Te fijaste en qué estamos esperando?- me dijo Zhou en voz baja.

-No.- contesté. En la mesa había un gran barullo al que yo no estaba atento, pero del que no podía salirme. De repente oí nuevamente la campanilla y me giré, al igual que todos, hacia la puerta de la calle. Por ella entraron dos adultos, dos niños chicos y por último Ying, quien estaba armada igual que siempre.

-¡Ying!- gritó Yue saltando sobre sus pies, de inmediato fue donde los recién llegados y los saludó calurosamente. Yo me tensioné, ya que mi mente repasaba todos los sucesos entre esa chica y yo.

-Hola, Yue.- dijo la mujer.

-Haruka, tanto tiempo.- río Yue feliz -Hikaru, cuanto me alegro.- agregó apretando a ambos adultos con fuerza.

-Y tú sigues hablando mucho.- reclamó Hikaru.

-¿Estos son los pequeñines?- preguntó Yue mirando a los niños, haciendo caso omiso del denominado Hikaru.

-Sí.- contestó Ying fijando sus ojos en mí.

-Sanfu,- me dijo extrayendo un trozo de tela rojo de su bolsillo -lo siento por tu pierna.- agregó extendiéndome la tela. No sabía que hacer así que miré al Maestro, quien me indicó que lo cogiese.

-Gracias.- dije atropelladamente, pero Ying ya no me prestaba atención. La chica se sentó en uno de los asientos vacíos al lado del Maestro. Luego se sentaron Hikaru y Haruka uno en cada esquina vacía, y por último los mellizos, quienes se sentaron en las dos sillas vacías entre Hikaru y Haruka, en el centro mismo de la mesa. En cuanto los niños se sentaron, el Maestro se levantó y de un gesto se quitó la máscara. La mayoría nos sorprendimos mucho, sin embargo el jefe, Ying y Yue se mantuvieron impasibles.

-Mi nombre es Ardeth.- dijo mientras se sentaba. Después venía el jefe a quién todos conocíamos, pero luego veníamos todos los demás a los que nadie conocía. Al lado del jefe se sentaba Hung, quién se quitó la máscara y la puso a un lado.

-Hiroshi.- sonrió.

-Nolfavrel.- dijo NgGung quitándose la máscara y dejándola en el suelo.

-¡Hey!- exclamó Seh quitándose la suya -Tú eres ese chico que odia el fútbol.- agregó apuntando a NgGung con un dedo.

-Síp…- contestó NgGung -y tú eres Sabrina, la maestra de los aros.- agregó. Después de NgGung venían Hok y Zhou quienes se quitaron al mismo tiempo la máscara.

-Hay y Zuki Ryu.- dijeron al unisón.

-Las mellizas de cuarto.- exclamó Luk quitándose la máscara.

-¡Lú!- exclamaron las mellizas con una risa. Después de ella venía Ji, quien se quitó la máscara dejando ver una cara sin un ojo en el lado derecho.

-¿Jacob?- preguntó Yang.

-Así es, Yumichika.- contestó Ji impasible y dándole un tironcito a la máscara de Yang para quitársela.

-Ghand, egipcio.- dijo Gao, quitándose la bufanda de la cara.

-Tania.- dijo Tu levantando la máscara por encima de su pelo.

-Narví.- dijo Niu al lado de Tu. Después de Niu venían Lang y Malao, quienes, como siempre, no estaban atentos a lo que sucedía a su alrededor.

-¡Leila!- exclamó Lang de golpe.

-¡Manuel!- dijo Malao casi al mismo tiempo. Otra máscara rodó por la mesa y vi a Fu con el corte bajo el ojo.

-Fabián.- dijo mirando a Seh, quien enrojeció hasta las orejas.

-Leo.- dijo una voz con acento inglés, Long se había quitado la máscara de una vez. Al lado de él se encontraba Shiu.

-Shaak.- dijo esta, quitándose la máscara y el pañuelo.

-Xinia.- exclamó Xie poniéndose una pulsera en la muñeca.

-Henry.- Dijo HaMo tomando una galleta.

-Amy.- dijo AngGangseh.

-Mirek.- dijo Mong tensando sus músculos para quitarse la máscara de la cara.

-Tomás.- dijo Tonglong echando hacia atrás un mechón de pelo. Cada vez me ponía más nervioso, no sé como logré quitarme la máscara y decir en voz alta mi nombre.

-¡¿Simón?!- exclamaron Zhou, Hok y Ying.

-Sí.- contesté a mi pesar, las mellizas siempre me las cruzaba, pero no tenía ni idea de dónde conocía a Ying.

-Ying, la máscara.- le dijo el Maestro.

-Voy, Maestro.- respondió la chica, quitándose lentamente la máscara. No había tocado la mesa, cuando ya mi grito se oía por toda la sala y quizás más allá.

-¡Yuki!-

-¿Se conocen?- preguntó Ji con un tinte de celos en la voz.

-De paso.- admití -Me gustó cuando llegó al colegio, pero ya no.- agregué.

-Vamos en el mismo colegio.- dijo Yuki.

-Todos están presentados, menos los dos chicos y los tres fuera del Daisho Togukawa.- dijo el Maestro.

-Antes de poder decirles nuestros nombres, sería más sencillo si es que empezamos con una historia.- dijo Haruka.

-Todo empezó en el año 1.000 del tigre.- empezó Hikaru -En ese año, la dinastía Huang era la que reinaba en Japón, sin embargo algo sucedió con el emperador de aquel momento, ya que un espíritu benéfico le echó una maldición diciéndole que su dinastía iba a perderse para siempre si sus dos hijos llegaban a pelearse, por desgracia aquello fue lo que sucedió, y la dinastía Huang se perdió, hasta hace unos 20 años. Un joven granjero descubrió entre las pocas reliquias de su casa, una joya que indicaba su claro parentesco con la dinastía Huang, en ese momento el emperador de entonces estaba en contra de entregar su poder a cualquier mentecato, aún si este tenía la prueba de su sangre, por lo que mandó matar a ese hombre, sin embargo la esposa de este hombre logró hacerse pasar por esposa del emperador, y de ese modo salvar al niño que tenía en el vientre. Cuando los niños nacieron, la madre murió y los niños empezaron a criarse en el palacio. La madre había dado instrucciones para que solo dos guardias y dos criadas supieran la identidad de los niños, para hacer prevalecer el linaje de los Huang, junto con la prueba de su sangre. Por desgracia una de las criadas no era de confianza y le indicó todo al emperador, quien, furioso, mandó matar a los niños,- la historia de Hikaru me sonaba muy conocida, pero aún no venía la mejor parte.

-Como pude esconder a los niños, no lo sé,- continuó Yue por el hombre -solo sé que en poco tiempo me contacté con los dos guardias, Liewa y Bing, quienes se hicieron pasar por los padres de los niños, y se pusieron de inmediato en contacto con Ardeth, para obtener la protección del Daisho Togukawa, al haber estado antes en esa organización, Ardeth no negó su ayuda y de ese modo una chica entrenada protegió a los chicos día y noche, Yuki.- Yue terminó su historia mirando fijamente a Yuki.

-¿Eso significa que estos dos niños son los descendientes de la dinastía Huang?- preguntó Hok algo atolondrada, ahora entendía mejor aquello por lo que tanta gente quería matar a esos chicos tan inofensivos.

-Sus nombres son Zenko y Xiao, por eso Ying los entrenó como un saltamontes y un panda.- río Liewa, aunque para mi seguiría siendo Haruka.

-Mi nombre real es Asakusa, y técnicamente soy la prima de Yuki.- dijo Yue.

-¡Basta! ¡Tanto nombre me confunde!- gritó entonces Tonglong. La verdad es que estaba de acuerdo con él, ¿cuantas veces se tendrían que cambiar el nombre?

-Al menos ahora entienden por que me mantuve al margen del grupo.- explicó Ying -Era para protegerlos mejor, eso es algo que tenía que hacer por mi pueblo.- agregó.

-Japón nunca estuvo tan bien como cuando nos gobernaban los Huang.- dijo Hikaru.

-Así es, Bing.- respondió Haruka -Aunque eso haya sucedido cuando nuestros abuelos apenas eran críos.- agregó mirando a todos los niños.

-¿Acaso estás diciendo que yo soy un crío?- dijo entonces el jefe, quien no había abierto la boca desde que la historia había empezado. Haruka se giró hacia él.

-Lo siento, venerable ancestro.- dijo inclinándose ante el jefe, todos nos la quedamos mirando, ya que era raro que alguien le dijera ancestro a otra persona, sin embargo el jefe no se molestó, sino que al contrario, relajó los músculos y se sentó mejor en la silla.

-¿Señor?- preguntó Zhou sorprendida.

-Así es.- dijo el jefe -Yo soy lo que se llama comúnmente en Japón, ancestro, es decir que tengo más de 150 años.- agregó sacándose por primera vez la capucha, mostrándonos lo que nadie antes había visto; un señor muy viejo, pero que tenía mucho poder y mucho para enseñar.

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