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El Plan

 

Estaba tendido sobre una cama en un pueblito que no conocía, habíamos llegado unas horas antes a Japón. Desde aquella reunión en el Dragón de Jade, todo parecía haberse precipitado, ahora ya no éramos los novatos, sino los Shirugato, un buen nombre como lo averiguaría después. Habíamos pasado los exámenes y se nos habían unido dos personajes, Zenko y Xiao, alias Zhameng (saltamontes) y Xiongmao (panda). Asakusa había organizado todo el viaje de manera que pudiésemos mantenernos juntos todo el tiempo, pero yo había solicitado una pieza aparte, ya que me sentía muy mal con demasiada gente a mí alrededor. No conocía el plan exacto del Maestro para hacer lo que fuésemos a hacer, solo sabía que teníamos que mantenernos juntos y separados, lo cual significaba que íbamos a estar por grupos, siendo el Jefe nuestro, por así decirlo, nuestro jefe. El Maestro se encargaría del Yamagato, y Bing se encargaría del Hirugato, al ser un soldado del emperador retirado. Liewa y Asakusa eran mensajeras entre los tres grupos, lo cual nos permitía mandar grandes mensajes de tácticas entre nosotros, solo por el placer de verlas refunfuñar.

-Hey, Sanfu, despierta.- me dijo una voz desde la puerta.

-Ya estoy despierto, Tonglong.- le dije tratando de abrir los ojos.

-Así veo, compañero, ¿qué tal dormiste?- me preguntó sentándose en mi cama.

-Bien.- dije -¿Hay alguna novedad?- pregunté mirando por la ventana.

-El Maestro quiere hacer una reunión de estrategia a la tarde, hasta entonces tenemos el día libre.- dijo Tonglong.

-¿En serio dijo el día libre?- pregunté, aquello me extrañó, ya que en general, libre significaba entrenamiento duro hasta la hora de la reunión.

-Sí, dijo libre, pero no que íbamos a entrenar, así que salgamos a dar una vuelta, antes de que cambie de opinión.- Tonglong me empezó a molestar, poco a poco hasta que consiguió sacarme de la cama.

-Estás bien tú.- le reclamé -¿Acaso sabes hablar japonés?- le pregunté.

-Yo no, pero las chicas sí.- contestó Tonglong.

-¿Chicas?- pensé, pero luego me acordé de Zhou y Hok quienes eran nativas de Japón.

-Vamos.- entre los cuatro salimos a dar una vuelta y, gracias a Hok que siempre mantenía su japonés al día, pudimos movernos por todos lados, sin embargo algo me parecía que no estaba bien.

-¿Chicos?- pregunté -¿No sienten como si nos estuvieran observando?- agregué algo alarmado, pero ninguno me prestó atención, ya que estaban dando una función de títeres. Y justo cuando pensé que no había nada que iba a pasar, algo pasó. Cuatro sombras nos saltaron encima y nos llevaron a otro lugar.

-Qué tipos más descuidados.- dijo una voz que me sonaba muy conocida, pero antes de que pudiese acodarme, la sombra se quitó la capucha dejando ver a Ying, detrás de ella estaban Gao, Ji y Xie, quienes estaban muertos de la risa.

-Imagínense hubiésemos sido otro grupo de asesinos, no los veríamos nunca más.- reclamó Xie, pero con la risa hasta en los ojos, algo que no sucedía muy a menudo.

-No, seriamente.- dijo Ying.

-Los necesitamos para la operación de esta noche.- dijo la chica con el semblante serio.

-¿Operación de la noche?- preguntó Tonglong.

-Sí.- contestó Ji.

-Ardeth la está preparando con el jefe.- dijo Gao.

-Y nos lo van a decir a la tarde.- agregó Xie.

-Por eso nos mandaron a buscarlos, cuando se dieron cuenta de que se habían marchado.- terminó Yuki.

-Deberían mantenerse en los lugares conocidos.- agregó.

-Eso significa la posada y…la posada.- dijo Tonglong dándoselas de chistoso.

-Muy buen chiste, Tonglong.- exclamó Asakusa, desde el tejado.

-Hola. Ya los encontramos, ¿puedes decírselo a Ardeth por favor?- dijo Ying.

-Claro, para eso vine aquí.- contestó Asakusa mientras se marchaba por los tejados.

-Nosotros también deberíamos regresar.- dijo Hok, algo arrepentida por haber aceptado salir con nosotros.

-Eso es lo que vamos a hacer,- dijo Ying -pero antes me gustaría visitar algo.- agregó yendo hacia un pequeño muro.

-¿Qué hay detrás de eso, Ying?- preguntó Zhou, pero algo me decía que ya lo sabíamos todos.

-Un cementerio.- contestó la chica saltándose el muro. Entre todos buscamos la tumba de sus padres, pero sin embargo, en vez de encontrar dos tumbas, nos encontramos con tres.

-Li, Yuki.- leyó Hok -Esa eres tú.- agregó con un movimiento de sorpresa.

-Lo sé.- dijo Yuki -Como no tenía el valor de matar a mis padres produje un incendio, en el cual se supone que yo también morí, de ese modo mi espíritu se mantendría con mis padres, siempre.- agregó con una lágrima en el ojo, la que se secó de un golpe.

-Debemos irnos.- exclamó entonces subiéndose al techo. Todo el camino de vuelta a la posada fue totalmente en silencio, hasta llegar al cruce de las posadas, donde se encontraba la posada de ellos.

-Nos vemos esta noche.- exclamó Xie mirando hacia atrás. Ninguno de los cuatro respondió, sino que nos giramos hacia nuestra propia posada y entramos sin decir nada.

***

-No sabía que sus padres eran de aquí.- exclamó Asakusa cuando le hablamos de lo que habíamos visto.

-Sino habría optado por otra ciudad cercana al palacio.- agregó. Era la tarde y nos habíamos pasado toda la mañana hablando con Asakusa acerca de los padres de Ying.

-El Maestro los quiere ver a todos en la posada del Demonio Blanco.- dijo entonces Ji entrando por la ventana. Todos nos preparamos con las ropas oscuras y las máscaras, listos con las armas. Nos pusimos en marcha y llegamos en casi dos minutos a la posada del Demonio Blanco.

-Ya estamos.- dijo Asakusa entrando con nosotros. El lugar era pequeño, pero me recordaba mucho al Dragón de Jade. Nos instalaron en una sola gran mesa y allí el Maestro nos mostró los planos del palacio mientras comíamos.

-Hay tres puertas grandes para entrar, sin embargo ninguno de nosotros va a usarlas, excepto una. La puerta del fénix.- dijo mostrándonos un punto dentro del amasijo de líneas y puntos, estaba en la zona norte del castillo y, entre este y la habitación del emperador habían como mínimo ochenta metros de caminata.

-Liewa entrará junto a un grupo por un muro. Ellos abrirán entonces las puertas y nos dejarán entrar. Liewa llevará un grupo a los escondites de los guardias, cada cual matará a todos los que pueda. Bing llevará a otro grupo al cuarto de guardias dónde se armaran como guardias y se apostaran luego cerca de los aposentos del emperador. Un tercer grupo, liderado por mí y el jefe, irá por el techo hasta llegar a los aposentos del emperador. Cuando Bing haga el ruido del águila será el momento en el cual ustedes estarán abajo protegiéndonos. El grupo que esté con nosotros podrá entonces bajar y entre ellos elegiremos ocho que se encargaran del emperador.- el plan era sencillo, y tal como lo suponía tenía como fin matar al emperador para poner en su justo lugar a los mellizos.

-Solicito estar en el grupo que vaya con el Maestro.- exclamó Ying de golpe.

-Ya lo sabía.- dijo el jefe.

-Por eso pensaba que los grupos podrían ir así: El Shirugato con Liewa, el Hirugato con Bing y el Yamagato con el Maestro y yo.- el jefe parecía muy cansado, pero una luz rojiza brillaba en sus ojos.

-Entonces así lo haremos.- dijo el Maestro guiñándole un ojo a Ying.

-¿Y los chicos?- preguntó Liewa, nadie tuvo que preguntar a qué chicos se refería, sino que todos miraron a Zenko y Xiao.

-Ellos se quedaran conmigo.- dijo entonces Asakusa.

-Pero yo quiero ir con ellos.- reclamó Xiao.

-Yo solo quiero ver a Wanda.- dijo Zenko.

-Entonces entre los tres iremos a ver a Wanda.- dijo Asakusa sin aceptar replicas por parte de Xiao.

-Mejor se marchan de inmediato.- dijo el Maestro algo preocupado -El camino es largo.- agregó mientras se ponía su traje negro y se ajustaba la máscara. Asakusa, Zenko y Xiao se vistieron con ropas de campesinos, mientras que todos los demás se arreglaban la máscara, listos para lo que fuera necesario.

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