
Fantasía
y
Aventuras
El Último Combate
Estábamos listos, como siempre me tocó a mi ser el último en escalar la pared, pero esta vez no reclamé, sabía que era algo importante, y que pasase lo que pasase, nadie sabría exactamente quién lo había hecho. El Maestro nos había repartido unas cápsulas de veneno que teníamos en la boca y que debíamos morder en caso de que nos capturasen.
-¿Todos listos?- preguntó Liewa. Un murmullo de asentimiento recorrió la fila, lo cual permitió dar luz verde a Liewa para que esta empezase a escalar. Uno a uno, todos empezamos a escalar, hasta que llegamos sanos y salvo arriba del muro.
-Esta fue la parte difícil.- dijo Yang.
-No lo creas.- dijo Liewa -Aún no te has encontrado con los guardias.- agregó sonriendo.
-Ya, pero la idea no es meternos miedo.- dijo Zhou tratando de mantenerse tranquila.
-Lo sé, Zhou.- dijo Liewa, -Pero tienes que saber que yo siempre digo la verdad, aunque a la gente no le guste.- agregó.
-¿Tú eres uno de los guardias de la historia que nos contaron la semana pasada?- preguntó Tonglong, él había hecho mucho trabajo para definir todas y cada una de las partes de la historia, lo cual no me sorprendió, ya que siempre había sido muy meticuloso con todos los detalles.
-Así es.- fue la escueta respuesta que recibimos. Mientras hablábamos, avanzábamos sigilosamente hacia la puerta de roble, de dos hojas, que impedía que nuestros amigos entraran. Liewa cogió un puñal de su cintura y cortó con él las cuerdas que mantenían el lastre para mantener las puertas cerradas. Mientras nosotros empujábamos las puertas, ella lanzó el grito convenido, indicando de ese modo que la puerta estaba abierta, para que los demás entraran.
-¿Todo bien?- preguntó el Maestro, mientras los chicos del Yamagato se subían al techo.
-Ningún problema.- dijo Liewa.
-Liewa, cortaste las cuerdas.- reclamó el jefe mientras entraba el Hirugato junto a Bing.
-Ya lo sé.- respondió Liewa -Pero no había tiempo para hacerlo funcionar a mano.- agregó mientras se ponía la capucha y se marchaba por un pasillo. Todos la seguimos, mientras el jefe y el Maestro se subían al techo.
***
El Maestro sabía por experiencia que habría problemas en el camino, pero nunca se había esperado encontrar con guardias en los techos. Entre todos mataron a los guardias antes de que estos pudiesen dar la alarma, pero algo preocupaba al Maestro.
-Ying, quiero que tú, Ji y el Jefe se vayan por ese camino.- dijo mientras les señalaba un camino distinto al de ellos.
-El resto del grupo se irá conmigo por el camino señalado desde un principio.- agregó poniéndose en camino.
-Buena suerte.- dijo entonces Ying en voz baja. Ella y sus dos acompañantes prosiguieron el camino hasta llegar en muy poco tiempo justo encima de la habitación del emperador y se mantuvieron agazapados hasta que llegasen los del Hirugato y les indicasen que ya estaba libre la vía.
***
Caminamos por los pasillos del palacio, cuantas más cosas veía, más se incrementaba mi odio hacia aquel emperador, sobretodo después de haber conocido las calles de la ciudad más próxima y ver cuanta miseria había allí. Cada ciertos trechos de pasillo, Liewa nos indicaba un muro o una pequeña abertura, entonces nosotros sabíamos que allí se escondía alguien que protegería al emperador con su vida y uno de nosotros se encargaba de silenciarlo por siempre. No me gustaba aquello, estábamos matando hombres y mujeres que tenían familia, por gente que ni siquiera formaba parte de nuestra propia familia.
-Cuando todo esto termine me haré monje.- dijo una pequeña voz cerca de nosotros. Todos nos giramos impacientemente hacia aquella voz, para descubrir con estupor que los niños nos habían seguido.
-Xiao, Zenko.- exclamó Liewa en un susurro. Ambos niños estaban acompañados por Asakusa y no parecían estar muy seguros de donde estaban.
-Este no es lugar para ustedes.- dijo entonces Liewa. Tardé un poco en recordar que ella era su madre postiza y que por ello tenía más razones que cualquiera de nosotros para preocuparse.
-En el pueblo nos dijeron que Wanda estaba aquí.- explicó Zenko con una pequeña voz.
-Y no pude retener a estos dos que querían a toda costa venir aquí con ustedes.- agregó Asakusa.
-Bueno, será.- dijo Liewa suspirando.
-Hok, Sanfu, Zhou y Long irán conmigo, los demás se quedan en ese escondite de allí junto a los mellizos y Asakusa.- el plan era sencillo, pero nos quitaba a varios guerreros y algo me decía que los íbamos a necesitar a todos de un momento a otro.
-Está bien.- dijo Tonglong con algo de envidia en la voz.
-No te preocupes, Tonglong,- dijo Liewa -seguro que tendrán pelea.- agregó guiñándole un ojo a Asakusa.
***
Ya habían llegado, el grito del águila era formal, pero por desgracia, el jefe no tenía ni idea de dónde se podía encontrar el Maestro, ni de por qué tardaba tanto. Ying no quería admitirlo, pero estaba dividida.
-Tenemos que ir ahora.- dijo entonces Ji -Sino perderemos nuestra oportunidad.- agregó mirando a Ying.
-Está bien.- dijo esta -Pero solo entraré yo.- agregó sintiéndose un poco tonta.
-¡Ni lo sueñes!- exclamó Ji, pero el jefe no dijo nada -Señor, no se lo permita.- agregó el chico girándose hacia el jefe buscando algo de apoyo.
-No.- fue la escueta respuesta del jefe -Ji, tienes que dejarla ir.- agregó sellando de ese modo el destino de todos. A partir de aquel momento todo dependía de Ying y de nadie más, y ella lo sabía. Se ajustó la máscara y entró al cuarto del emperador.
***
Vieron pasar a Ying como un águila al lado de ellos, Bing no mostró interés alguno en ello, pero los demás sintieron un escalofrío al verla entrar en la pieza del emperador sola.
-¿Dónde están los demás del Yamagato?- preguntó Luk preocupado.
-Seguro que el Maestro sabe lo que hace.- contestó Bing algo preocupado también, en todas sus misiones con el Maestro, este había prohibido por completo que alguien se enfrentase solo contra un personaje de gran importancia. Algo extraño estaba pasando allí, y, por supuesto, el Maestro había desaparecido nuevamente.
***
-¿Cuántos escondites más quedan?- preguntó Long.
-No muchos.- contestó Liewa -Por aquí se encuentran los últimos.- agregó con una sonrisa. Entre los cuatro nos deshicimos de los guardias que allí se encontraban, pero ahora sentía algo muy raro.
-¿Dónde estamos?- pregunté un poco sorprendido por mi voz.
-En un ala central del castillo.- me explicó Liewa -Si no me equivoco, allí se encuentra Bing con los chicos disfrazados de guardias.- agregó. En ese momento supe definitivamente de que algo iba mal. Pero no sabía por quién me preocupaba, ya que todos los que me importaban estaban conmigo, y no estaban en peligro inmediato.
-Excepto Ying.- dijo una vocecita en mi cabeza, entonces supe qué era lo que iba mal.
***
La chica entró a la pieza del emperador con su puñal en la mano, habría preferido entrar con su arco, pero sabía que como buen luchador, le debía una oportunidad al emperador.
-Vaya, vaya.- dijo una voz a su lado -Miren a quien tenemos aquí.- agregó la voz encendiendo una luz. La chica por poco se desmayó al ver de quien se trataba, ya que era alguien que nunca antes había pensado que volvería a ver.
-Shintaro.- dijo en voz baja.
***
-Tengo que entrar, ¿no lo entienden?- El jefe, Liewa y Bing eran extremadamente testarudos cuando se les daba la gana, sin embargo en aquel momento esperaba que me entendiesen -Allí adentro hay una trampa para ella.- agregué.
-Tiene que ver con un muerto, y algo más.- no sabía que hacer para que me dejasen entrar e ir a ayudar a mi amiga.
-Señor, yo también siento eso.- dijo entonces una voz que nunca pensé que me apoyaría, Ji se puso a mi lado y entre los dos tratamos por todos los medios de convencer a los más grande que teníamos que entrar.
-No, Ying dijo que nadie le tenía que ayudar.- exclamó el jefe.
-Pero no dijo nada acerca de si encontraba una trampa adentro.- exclamó Ji a mi lado.
-Imitaría el grito de un águila si necesitase ayuda.- replicó Liewa.
-Lo sé…-mi frase quedó en suspenso, ya que claramente oímos el grito del águila desde la habitación del emperador.
-¡He de entrar ahora!- gritó entonces Ji, entendía lo que le pasaba, era lo mismo que sentía yo cuando Hok se metía en problemas. En ese instante el Maestro aterrizó frente a nosotros, todo cubierto de sangre y sudor.
-¿Qué sucede? Oí el grito del águila y no veo a Ying.- dijo mientras se limpiaba las manos.
-No me dejan entrar y Ying necesita ayuda.- dije mostrando con una mano a los tres que me impedían el paso. El grito se oyó por tercera vez, pero esta vez mucho más débil, por lo que me precipité hacia el lugar dónde se encontraba mi amiga.
***
-No puedo creer que estés vivo.- dijo Ying mientras sacaba un silbato de águila y lo soplaba con todas sus fuerzas.
-Veo que tienes amigos.- dijo Shintaro mostrando el silbato.
-Y tú también los tenías, hasta que nos mostraste tu muerte.- exclamó la chica roja de furia. Lentamente sacó una de las katanas que el Maestro le había entregado, pero Shintaro ni se inmutó.
-¿Quién está allí?- preguntó una voz medio dormida.
-No se preocupe, señoría, esta chica no le va a hacer ningún daño.- dijo Shintaro.
-No puedo creer lo que mis ojos ven.- exclamó Ying -¡TÚ! ¡Protegiendo al emperador!- agregó.
-Me lo habría esperado de cualquier otro, incluyendo a Ji, pero no de ti.- la chica parecía estar al borde de la desesperación y sopló otra vez en el silbato.
-De ese modo no lograrás ayuda.- río Shintaro.
-No me importa.- dijo Ying -Tu entrenamiento ha sido nulo, en comparación al mío.- agregó poniéndose en una posición de defensa.
-Claro, si te refieres al estúpido entrenamiento de Ardeth.- se burló Shintaro con una sonrisa.
-Ardeth no es estúpido.- se enfureció Ying atacando con ambas katanas hacia su antiguo amigo y ahora enemigo, sopló por tercera vez en el silbato, pero un puñetazo de Shintaro hizo que se le cayese de las manos cortándole la respiración.
-Has perdido tu tacto, hermanita.- dijo Shintaro burlándose.
-No lo creo, solo lo he mejorado.- Dijo Ying, haciendo una pirueta en el aire. La patada que le lanzó a Shintaro lo botó contra la lámpara, la cual se vertió sobre un colchón. Entre las pequeñas llamas, Ying vio una sombra que le lanzaba agua al incendio, pero decidió no molestarse en deshacerse de él, ahora su meta eran Shintaro y el emperador.
***
El Maestro estaba tan preocupado como yo, solo junto a él pude entrar, y ver el caos que se había formado: Había dos sombras peleando encarnizadamente al lado de un cojín en llamas, que alguien estaba apagando, mientras que otro estaba en el fondo de la pieza sin inmutarse por nada.
-Ve con Ying y ayúdale con su contrincante, yo iré a por el emperador.- me susurró el Maestro en el oído. Asentí con la cabeza y me giré hacia el contrincante de Ying para atacarlo por detrás, por desgracia esquivó todos y cada uno de mis golpes. Mientras tanto el jefe también había entrado y, al ver con quién estábamos peleando, palideció.
-¡Un fantasma!- gritó una voz detrás del jefe, me giré un segundo hacia aquella voz y vi a Tu con su espada en la mano mirando fijamente a nuestro contrincante.
-Los fantasmas no existen.- dijo el jefe -Sin embargo si existen los buenos médicos.- agregó mirando al muchacho contra el cual estábamos peleando.
-Déjenmelo a mi.- terminó el jefe, quitándose la capa y sacando su bastón. En cualquier otro momento no me habría perdido una pelea del jefe, sin embargo, ahora tenía que seguir a Ying, quien estaba decidida a acabar con el emperador a cualquier coste.
***
Tanto el jefe como Shintaro empezaron a hacer círculos alrededor del otro para de ese modo despistar a su enemigo.
-Lamento que esto tenga que acabar así.- dijo el jefe.
-Si te rindes, quizás salves la vida.- exclamó a su vez Shintaro.
-¿Para dejarte matar a los otros? No.- contestó el jefe. Con un rugido feroz, Shintaro se lanzó contra el jefe quien esquivó el golpe de manera certera.
-Muy previsible.- dijo entonces el jefe, golpeándolo con su bastón. Shintaro se levantó de manera rápida y, entre él y el jefe se instaló un duelo a muerte. Primero el jefe trató de no hacerle daño a su contrincante, pero al ver que este le hacía un corte en el antebrazo, se enfureció y le cortó un brazo a Shintaro.
-Sabes que soy más fuerte que tú.- exclamó el jefe, pero su voz denotaba cansancio y fatiga. Shintaro no contestó a la afrenta, sino que lanzó un puñado de hojas secas a la cara del jefe, y cuando este trató de quitárselas de los ojos, Shintaro levantó su espada a través del cuerpo del jefe.
-¡No!- gritó alguien desde la oscuridad, mientras Ji se lanzaba a recoger el cuerpo del jefe.
-¿Acaso tú también quieres morir?- le preguntó Shintaro despectivamente, pero Ji solo tenía ojos y oídos para el jefe.
-Ji…no permitas que Shintaro sigua con vida…con él vivo los mellizos nunca estarán a salvo…- la voz del jefe se extinguió hasta que no quedase nada de él. Ji sintió a alguien sollozar al lado de él y vio a Xie, le dejó a su cargo el cuerpo del jefe y sacó sus dos espadas. Se puso frente a frente a Shintaro y este le sonrió de manera cómica.
-Vamos hermanito, dime que puedes matarme.- exclamó Shintaro.
-No solo puedo, sino que también debo.- gritó atacando por ambos lados al mismo tiempo. Sin embargo, con una rapidez increíble, Shintaro esquivó ambas espadas, pero no por eso Ji se desalentó.
***
Desde las sombras observaba ambos combates, el de Ji contra Shintaro, y el del Maestro y Ying contra el emperador, quien había demostrado ser un excelente espadachín. Entre Ying y el Maestro parecía que había corriente, ya que si uno se movía, el otro hacía lo mismo para evitar de ese modo que el emperador tuviese una posibilidad de escapar.
-No te perdonaré lo que le hiciste a estos niños.- dijo el Maestro mirando fijamente al emperador.
-Ardeth, tu siempre tan celoso.- dijo el emperador, en aquel momento no sabía a qué se refería, pero por el brillo en los ojos del Maestro supe de inmediato que este si sabía a qué se refería.
-¿Crees que estaba celoso por tu estúpida escuela de combate?-preguntó en un siseo -Mis asesinos le ganarían a cualquiera de tus entrenadísimos guerreros.- agregó con una fuerte risotada. Yo conocía esa risa, y sabía que era sincera, sin embargo en aquel momento llegué a creer que era totalmente falsa. Entre él y Ying acorralaban cada vez más al emperador y este se empezó a desconcentrar por culpa de la lucha entre Ji y Shintaro; ahora que lo conocía, no me gustaba nada tener el nombre de aquel chico, sin embargo siempre podía ayudar a Ji. Con un grito saqué un cuchillo y me lancé sobre Shintaro, quien se desconcentró para parar mi golpe. Era justo lo que necesitaba Ji, de un golpe de sus dos espadas le cortó la cabeza a Shintaro, dejando de ese modo probado que estaba bien muerto.
-Gracias, Sanfu.- dijo Ji mirándome con una media sonrisa en los labios.
-Te mereces ese nombre.- agregó girándose hacia Xie, pero ella ya no estaba junto al cuerpo del Jefe, sino que se encontraba subida encima de un gran jarrón, el cual se encontraba lo suficientemente por encima de los combatientes que quedaban. De un salto llegó encima del emperador haciendo con él lo mismo que yo con Shintaro, pero esta vez la táctica de distraer no fue lo suficientemente potente, y Xie resultó herida en un brazo. Ji corrió a ayudarla mientras que yo llamaba a gritos a Hung y Tonglong, sabiendo que estos eran los únicos que podían ayudar al Maestro y a Ying, pero llegaron muy tarde, ya que el Maestro con una maniobra proyectó su cuerpo contra el del emperador, quien esquivó al Maestro del lado exacto al cual estaba Ying…la mala suerte quiso que la katana de Ying se plantase en el torso del emperador y lo matase de un golpe. De ese modo terminó todo.
*
Nos juntamos todos a la salida de la pieza del emperador, contamos bajas, y nos dimos cuenta que la buena y la mala suerte quisiese que solo hubiésemos perdido al jefe. Los chicos llegaron escoltados por varios guardias, quienes estaban de parte de la dinastía Huang desde un principio, y estaban dispuestos a morir por ellos. Asakusa había encontrado a la criada que había denunciado a los chicos cuando niños, y había luchado contra ella hasta hacerla escapar del palacio. Todo había marchado bien, excepto por el jefe, y todos nos sentíamos mal por ello; por estar vivos cuando el jefe no lo estaba.