
Fantasía
y
Aventuras
Un grito desgarrador resonó en la noche, haciendo volar búhos y otras aves nocturnas fuera de sus ramas. Los vecinos salieron apresuradamente de sus casas con luces en las manos, y empezaron a buscar indicios.
-¡Aquí hay un hombre muerto!- gritó una voz desde un pequeño callejón vacío. Todos se precipitaron al lugar del que provenían los gritos y se encontraron con un hombre que estaba revisando al muerto. Estaban todos tan ocupados del muerto que nadie se fijó en la sombra que se alejaba por los tejados.
-Es John, el cerrajero.- Dijo una mujer que había salido junto a su esposo.
-Pero, ¿quién querría matarlo?- preguntó el carnicero -Él no tenía enemigos.- agregó cerrándole los ojos al difunto.
-Debemos avisar a los policías.- dijo un anciano que se encontraba presente, apoyado en su bastón.
-¡Miren!- gritó un niño que venía corriendo por el callejón -Encontré esto.- agregó levantando una cámara digital.
-Esa cámara le pertenecía a John.- dijo el carnicero tomándola.
-¡Cuidado con las huellas!- gritaron varias voces, pero el carnicero no hizo caso y empezó a revisar las fotos hacia atrás.
-Según mi hipótesis,- dijo el anciano -John descubrió algo, así que el asesino lo mató para que no hablara y se llevó la evidencia.-
-Claro,- aseguraron varias voces -¿y por eso la dejó caer en cualquier lugar?- Era tal el caos alrededor del carnicero que este tuvo que pegar un grito para que lo escucharan.
-Aquí hay muchas fotos oscuras, como si el asesino se hubiese escapado sacando fotos, pero aquí se ve una en la cual dos sombras están entregando algo a través de una ventana.-
-Y recibiendo algo a cambio, ¿no es cierto?- gritó alguien detrás del carnicero, luego esa misma voz agregó:
-Hay que llevar esta foto a la comisaría.- La proposición fue aceptada a grandes voces e inmediatamente un pequeño grupo de vecinos se dirigió a la comisaría más cercana.
***
El cabo de guardia estaba soñando con chocolates y vino, cuando llegaron los vecinos de John con la cámara en la mano.
-¿A qué se debe tanto alboroto?- preguntó el cabo mirando la puerta.
-Vienen a dejar una declaración de asesinato, y tienen una prueba.- El guardia de la puerta tenía tanto sueño como el cabo de guardia.
-Que muestren la foto y luego se vayan.- El cabo volvió a sentarse mientras los vecinos entregaban la foto y el cadáver. El guardia de la puerta acompañó al cadáver a la morgue mientras que el cabo revisaba la foto para mandarla al servicio técnico, luego regresó a su asiento a dormir. Mientras tanto, en el servicio técnico estaban buscando y rebuscando la manera de aclarar la imagen.
-¡Esta cámara es una porquería!- exclamó un técnico lanzando su lápiz a través de la sala.
-Se resiste a toda nuestra tecnología.- reclamó otro tecleando contraseñas.
-¿Probaron con tecnología antigua?- preguntó el jefe sirviendo café a todos los técnicos.
-No, señor.- respondió el técnico que había lanzado su lápiz.
-Entonces, háganlo.- exclamó el jefe. Todos volvieron a sus pantallas tratando de ser aquel que consiguiera la mejor imagen.
-¿Y bien?- preguntó el jefe mirando todas las pantallas.
-Aquí hay algo.- exclamó un joven técnico que parecía no necesitar café de tan activo que estaba. Todos los técnicos se precipitaron hacia la pantalla del joven técnico para ver… una fotografía en la cual aparecían dos jóvenes, un hombre y una mujer vestidos, el primero con un traje negro y la segunda con un traje blanco. Ambos llevaban máscaras y, en el pecho llevaban un animal y dos letras en un tono rojizo oscuro.
-¿Qué animal es ese?- preguntó uno de los más cercanos a la pantalla apuntando el animal de la chica.
-Si no me equivoco…- empezó el jefe, pero otro lo interrumpió de inmediato.
-Es un lobo.- dijo observando atentamente ambos personajes -Y el del hombre es un mono.- agregó, todos empezaron a hablar al mismo tiempo hasta que el jefe golpeó en sus manos para reclamar silencio.
-Si no me equivoco,- empezó -Las letras son una D y una T.-
-Lo cual implica,- agregó otro -que es el Daisho Togukawa quien está detrás de esto.- Al oírlo, todos empezaron a proferir exclamaciones y a reclamar acerca de lo estúpido de la situación.
-¡Ya basta!- gritó el jefe gritando.
-Esto ya no está en nuestras manos, sino en las del Estado y…- el jefe dejó de hablar repentinamente, había estado a punto de desvelar un secreto de estado el cual habría significado un desastre nacional.
-¿Jefe? ¿Se encuentra bien?- preguntaron varias voces.
-Si,- dijo el jefe como regresando de un lugar muy lejano -de esto me encargo yo.- agregó tomando la foto y las copias computarizadas, y saliendo de la sala.